domingo, 13 de febrero de 2011

Las diosas de María

El taller de  la escultora María Boneo está ubicado en el barrio de Palermo, es luminoso y ordenado.  Cuando llego, María me recibe con una sonrisa y me invita a recorrer sus espacios, los mismos  que  utiliza para dar vida a sus obras. Lo primero que veo es un patio interno repleto de grandes cajas de madera, de esas que viajan en barco o en avión, y gigantescos trozos de mármol que todavía esconden formas en su interior. El ambiente contiguo  está cubierto por un manto de polvillo blanco y exhibe una obra en proceso, rodeada por  amoladoras, discos de corte, cinceles y martillos neumáticos. De entrada, María rompe el hechizo, dejando bien en claro que este es un trabajo que requiere del apoyo de maquinaria pesada y de fuerte musculatura humana. Mientras la imagen bucólica de una solitaria Lola Mora luchando contra toneladas de mármol, se hace añicos en mi cabeza, María me cuenta que ya en el siglo XIX  los escultores contaban con varios ayudantes: “en la actualidad se conforman equipos de trabajo, sin los cuales sería imposible llevar a cabo las obras. Se trabaja con pasadores que, por ejemplo, pasan el boceto a punto; fundiciones, que manejan los trabajos realizados en metal; y artistas colaboradores que se encuentran debidamente asegurados. Uno no puede estar solo cuando trabaja una pesadísima pieza de mármol o maneja herramientas de riesgo, siempre debe haber alguien que pueda auxiliarlo”. 




Vistas del taller

Gran parte de mi charla con María se desarrolla en otra de las habitaciones, que luce repleta de bocetos y herramientas: “si yo paso por una ferretería me meto sí o sí  a ver que hay, prefiero una ferretería a un local de lencería; debe ser porque mi abuelo tenía una y yo conviví con sus productos desde chiquita”, me comenta risueña y continúa, “todo lo que ves acá se utiliza para el trabajo a mano, que todavía sigue siendo mucho, tanto en golpes como en el lijado. Te doy un  ejemplo: lijar una obra con esponjas abrasivas lleva el doble de tiempo que hacerla”. Además de un abuelo ferretero, María tiene un “tataraalgo” (sic) que también fue artista plástico (se pueden ver obras de Martín León Boneo en el Museo Nacional de Bellas Artes y en el Histórico Nacional) y una padre diplomático que, al igual que su mamá, también fue escritor. 


María trabajando


Boneo comenzó con la escultura a los 15 años pero talla desde hace 10, gracias a su maestra Beatriz Soto García (a quien adora y con la cual continúa trabajando) y a un curso intensivo de dos meses que tomó, nada más y nada menos,  que en Carrara, Italia. Aunque también trabaja la madera y el alabastro, el mármol es su gran amor: “es un material muy místico e inalcanzable en todo sentido, aunque aguanta bien el trabajo con máquinas también es muy frágil, un mal golpe puede partir y arruinar definitivamente una pieza. Yo empecé a formarme en talla, como todos los escultores, con el alabastro, que es de la familia del mármol pero mucho más poroso, arenoso y blando, y se trabaja a mano o con máquinas muy suaves. De allí pasé al mármol, en general uso carrara, rosa de Portugal, gris bardiglio y negro belga,  y a la madera”. Leo Vinci y Jorge Gamarra la introdujeron en la talla en madera, material al cual define como “ameno, más cálido y menos caprichoso que el mármol”  y que talla en forma directa, sin seguir la veta y, por ahora, sin terminaciones que cambien su condición natural: “hoy trabajo con materiales nobles y en estado puro”.


Mármoles en el taller - Arje (mármol de Carrara)


Terpsicore (mármol negro belga)


Cibeles - Del Revés (talla en madera)

El trabajar con  palo de rosa o con el perfumado palo santo le resulta  muy gratificante, a pesar de que una astilla la obligó a someterse a una cirugía en uno de sus ojos y un “bichito” (sic), que vive en el interior de los troncos, se instaló en su sangre y le recuerda su presencia, desencadenando una fuerte alergia cada tanto.  Son gajes del oficio que suelen ocurrir a pesar de todas las precauciones que toma María cuando trabaja: “cuando tallo quedo cubierta de polvo de pies a cabeza, por eso en las fotos me vas a ver con antiparras, barbijo, orejeras y con el pelo y el cuerpo enteramente cubiertos”. Una vez más la imagen de la artista ataviada con un delantal  y una simpática boina, cincel en mano,  se desmorona en mi cerebro en el mismo instante en que miró las manos de María y pienso que lucen impecables y poderosas a su vez. Inmediatamente me doy cuenta que me estoy olvidando del modelado, otra técnica que utilizan los escultores, y le pregunto sobre él. “A veces modelo en arcilla para luego pasar a yeso  y, si me gusta mucho el resultado, mandar a fundir la obra. Pero, para serte sincera me aburre y me cansa, la talla es mucho más pasional. En general el modelado lo uso para bocetar, cosa que a veces hago directamente en yeso, porque me ayuda con esa búsqueda de lo femenino, lo sensual, lo cóncavo y lo convexo que se desarrolla actualmente en mi obra. La etapa de la talla directa sobre la piedra para ver que sale ya la pasé, es una técnica muy espontánea y creativa pero mi filosofía de trabajo pasa por otro lado”.  Justamente en la filosofía, en la mitología clásica y en ese añorado  pasado  ancestral  en el cual las mujeres fueron líderes de sociedades matriarcales y diosas con vos y voto, se esconde  toda la potencia significativa de las bellas figuras femeninas que María insiste en parir artísticamente una y otra vez. “Hoy, lo masculino está en la fuerza de las herramientas que utilizo, hoy mi obra y sus detalles son  enteramente femeninos. La mujer es más sensual, si tuviera que fraccionar una figura masculina no rescataría mucho, el hombre es muy obvio”, me comenta entre risas. 


En silencio adelante - Caliope - Volupta (bronce)
 
En el imaginario creativo de María se funde y se entremezcla  el clasicismo greco-romano con la vanguardia de grandes como Umberto Boccioni, Alexander Archipenko, Henry Moore y Eduardo Chillida, para generar una obra que conjuga  en un resultado perfecto lo figurativo con lo abstracto. Un lunes Beatriz Soto García le dijo en el taller que debía tratar de unir a sus mujeres, porque todas le pertenecían. Así fue como nacieron las series “Vestales” y “Corpus” y el formato pequeño e intimista se comenzó a enfrentar con el monumental y público: “si bien no hay actualmente un conflicto en mi obra, si hay una crisis placentera y necesaria para que pueda cambiar de etapa. Estoy empezando a pensar a mis mujeres unidas y en versión más grande”.  



Corpus (bronce)
Corpus (márnol)

El 2010 fue un buen año para María, además de la muestra  que le dedicó el Museo Nacional de Arte Decorativo, donde exhibió 42 obras, expuso en Mónaco, en Londres y en París, y vendió varias piezas. “No es fácil vender una escultura por el  espacio que ocupa, un cuadro es más sencillo, se cuelga y listo. Uno debe pensar también, al momento de la cotización, de qué manera va a envejecer su obra en el tiempo, si va a perdurar conceptualmente. No es lo mismo que tu obra sea vieja a que sea antigua, hoy Raúl Soldi y Antonio Berni envejecen de una manera diferente en el mercado del arte”.  El 2011 llegará a la vida de esta extraordinaria mujer con planes para participar de arteBA y de la Feria de San Pablo, y  para cumplir un sueño pendiente: llevar a sus diosas al Museo de Bellas Artes de Beijín en China. 


Vista del taller


Para saber más: www.mariaboneo.com.ar

Entrevista: Andrea Castro
Fotos: Cortesía  María Boneo – Andrea Castro