lunes, 9 de julio de 2018

Íntima Mary Tapia: la señora del barracán


“El barracán es el tweed de la argentina” solía decir la gran Mary Tapia, esa diseñadora argentina poco conocida por la gran mayoría de los estudiantes de Diseño de Indumentaria. Nacida en Tucumán, se pasó la vida tratando de generar prendas que tuvieran un aroma nacional más que extranjero: “la moda fue para mí una manifestación ideológica, así hacíamos las cosas en esos años (…) Acá hay una gran desvalorización de lo nuestro y una excesiva valoración de lo extranjero”. El barracán formaba parte de los textiles de la tierra, así llamados por los españoles porque eran tejidos por los indígenas que mezclaban sus técnicas ancestrales heredadas de los Incas, con el uso de los telares europeos traídos por los colonizadores. El origen de este textil es en realidad musulmán, por lo que había llegado a España a través de los árabes que lo tejían desde el siglo XIII con lana de pelo de camello. El barracán musulmán, también denominado barragán o camelote, era impermeable y muy resistente debido a su trama bien ajustada. Cuando llegaron los españoles a nuestro país, encontraron que las comunidades indígenas del noroeste tenían una fuerte tradición textil heredada de sus primeros conquistadores: los Incas. Con la introducción de los telares obsoletos del siglo VIII que trajeron desde España, los encomenderos en los obrajes, y los monjes en las misiones, los pusieron a trabajar no para competir con las “maravillas” que se tejían en España sino para autoabastecerse y generarse ellos mismos un medio de subsistencia. Paralelamente, y en nombre de la evangelización de estos pueblos para ellos incivilizados, les prohibieron todo tipo de manifestación cultural y de lenguaje propio. Los indígenas encontraron, sin embargo, la manera de preservar su cultura y de expresar todo lo que estaban obligados a callar llevando a textiles como el barracán toda la simbología y el lenguaje geométrico que lo transformarían en un nuevo y original medio de comunicación, algo que ya se realizaba en los tradicionales tejidos andinos incaicos. 












La geometría de rayas y cuadrados del barracán, al igual que la de otros tejidos de la tierra, es similar a un código de barras. Si pudiéramos leerlos con un dispositivo electrónico, veríamos miles de datos que refieren al linaje familiar que lo ha tejido: esas rayas y cuadrados nos cuentan si tenían tierras, dónde, se extensión, cuál era su linaje, quién le debía su tributo, si eran de estirpe real, cuáles eran sus integrantes, y muchos etcéteras más. Podemos afirmar, entonces, que los textiles que aún se tejen en la actualidad, siguen narrando lo mismo que contaban los Incas hace 1500 años. Se supone que el barragán árabe no era rayado y si lo era no tenía el altísimo grado de significación lingüística que tuvo y tiene aún hoy en día el americano. Mary Tapia se preguntó qué pasó en el transcurso del desarrollo histórico de ambos textiles, y se contestó sabiamente: “la conquista.” Mary también se tomó el trabajo de aprender mucho sobre el barracán al charlar en profundidad con cada una de las familias del noroeste que le vendían sus tejidos. Así supo que las piezas provenientes de diferentes familias pueden ser parecidas, pero nunca iguales: cada linaje familiar narra su historia ancestral en las piezas de barracán que teje hoy, así como lo hicieron sus ancestros hace más de 500 años atrás. “Cuando veo una pieza de barracán se me enciende el cerebro. Son telas con vida. Algún coya los hiló con paciencia milenaria frente a las colinas del noroeste argentino”, confesaba Tapia en más de un reportaje. Con sumo cuidado y muchísimo respeto Mary les dio nueva vida a estos verdaderos tesoros textiles, transformándolos en obras de arte ponibles. Esta pionera del Diseño de Indumentaria fusionó un tejido basto, rústico y bien americano con la herencia española, representada por los tejidos de lujo europeos como la seda y el terciopelo, por las cintas y las flores. Sus prendas son bien criollas y suman algunas de las más importantes características que nos definen y llevamos en nuestro ADN. 










El barracán es una pieza de tejido pequeña que no sobrepasa los setenta centímetros, el largo de un brazo extendido, que es justamente el potente brazo de los hombres que lo tejían en el telar. Las mujeres eran las encargadas de hilar previamente con el huso, en todo momento y lugar, las fibras de lana de camélido (llama, vicuña, guanaca y alpaca) que luego los harían nacer como piezas textiles. El barracán se tejía, y se teje, sin cortar nunca su urdimbre (hilos colocados en paralelo y a lo largo en el telar para pasar por ellos la trama y formar el tejido), porque, al ser un modo de comunicación, como una especie de texto, se perdería tanto el sentido de la narración, como su valor mágico y ritual. Mary, conociendo en profundidad los secretos del textil, se animó a combinar los patrones de rayas y cuadrados de las diferentes piezas que traía del norte, armando bellísimos rompecabezas que se transformaron en prendas tan únicas e irrepetibles como su materia prima. También, y con muchísimo respeto, se atrevió a cortar esas piezas de barracán en la titánica tarea de darles un nuevo sentido comunicacional: hacernos entender a todos los argentinos que no todo lo que somos y nos define bajó de los barcos. 

Texto: Andrea Castro 
Fotos: Andrea Castro / Museo Nacional de la Historia del Traje.



Íntima Mary Tapia.
Hasta el 2 de septiembre.
En el Museo Nacional de la Historia del Traje: Chile 832.
Entrada gratuita. 
Lunes: Cerrado. De martes a domingo, de 11:00 a 19:00 




jueves, 17 de mayo de 2018

Heavenly Bodies: una muestra celestial

La religión católica se ha caracterizado desde sus inicios por su teatralidad, fasto, pompa y circunstancia. La exuberancia, la riqueza desmedida y el alto simbolismo de sus rituales y vestimentas, la han acompañado desde el Imperio Bizantino hasta nuestros días. Sus numerosas y jerárquicas tipologías vestimentarias comparten varias de las características que en el mundo de la moda son exclusivas del más importante rubro de indumentaria: la alta costura. Materiales nobles de primerísima calidad; miles de horas de trabajo artesanal realizado a mano; dedicación absoluta en la confección; lujo; recargamiento; alto grado de simbolismo; magnificencia y poder, son conceptos que pueden estar hablando tanto de un traje de noche, como del atuendo de un Papa renacentista. Por ello, utilizarla como fuente de inspiración fue casi obvio para muchos de los grandes diseñadores de indumentaria del siglo XX, y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York se impuso la tarea de dar cuenta de esto, organizando la megamuestra “Heavenly Bodies: Fashion and the Catholic Imagination” en tres de sus sedes, y con todos los condimentos necesarios para que la misma sea el suceso del 2018.


Cruz procesional bizantina  (1050) - Gianni Versace 1997-98

San Pedro (siglo XIV) - Elsa Schiaparelli 1939

Cardenal Fernando Niño de Guevara (El Greco) - Balenciaga 1954 

Biblia (1607) - María Grazia Chiuri, Pierpaolo Piccioli for Valentino  2014
Distribuidas entre el Anna Wintour Costume Center, las Galerías Bizantinas y Medievales de la Quinta Avenida, y los Claustros del Metropolitan, las prendas paganas son exhibidas separadas, pero en concordancia, con objetos y ropajes religiosos procedentes del acervo de la Capilla Sixtina, que llegaron a Estados Unidos en varios arcones y protegidos por papel de seda. Es un gran acierto curatorial el montaje realizado en escenarios acordes a la temática y con el aporte de objetos de valor arqueológico, que realzan el ida y vuelta creativo e inspiracional. Dejar las frías vitrinas y los amplios espacios contemporáneos para los objetos litúrgicos y el ropaje del Vaticano, y colocar los maniquíes en capillas, jardines monacales y salas de alto valor histórico fue una forma de elevar el diseño por sobre la fuente de inspiración, otorgándole una valoración simbólica suprema. De este modo, vírgenes yacentes, ángeles que parecen haber caído del cielo, y figuras suspendidas a más de dos metros de altura, lucen las creaciones de los más grandes diseñadores de la moda del siglo XX, en ambientes recoletos y muy teatralizados. 




John Galliano for Dior FW 2000


Thierry Mugler FW 1984

Christian Lacroix FW 2009 

Jean Paul Gaultier SS 2007 

Riccardo Tisci, Madonna Delle Grazie, 2015

John Galliano for Dior FW 2005

Yves Saint Laurent  FW 1977

YSL Traje para la “Virgen del Rocío”, 1985

Jean Paul Gaultier SS 2007

Thierry Mugler FW 1984. Centro: Roberto Capucci 1987 

Rodarte 2011. Schiaparelli y Lanvin (ángeles)


Cristóbal Balenciaga 1967


Gianni Versace 1991




John Galliano for Dior 2004


Como en todas sus muestras, pero en ésta con más claridad y efecto que en ediciones anteriores, el MET no ha dejado un solo detalle librado al azar. Algo que pudo verse cabalmente reflejado en las producciones de fotos realizadas con modelos para la campaña promocional, y en la ya clásica alfombra roja de la gala de inauguración, en la cual, salvo alguna que otra ridiculez, el maridaje entre moda y religión brindó algunos muy buenos ejemplos de lo que puede salir de la cabeza de un diseñador cuando se inspira en una fuente tan potente.

Texto: Andrea Castro. 
Fotos: Met Museum, Getty Images, Just Jared, Vogue. 






Rihanna in custom Maison Margiela by John Galliano

Greta Gerwig by The Row

Taylor Hill by Diane von Furstenberg

Lily Collins by Givenchy

Rosie Huntington by Ralph Laurent


Kate Bosworth in Oscar de la Renta 


Blake Lively by Versace


Priyanka Chopra by Ralph Laurent 

Zendaya  by Versace

Lana del Rey y  Jared Leto by Gucci

Katy Perry by Versace