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martes, 5 de octubre de 2010

Invasión 68 Praga

La noche del 21 de agosto de 1968 los ejércitos de los países integrantes del Pacto de Varsovia invadieron la ciudad de Praga, terminando con el corto período de libertad política en Checoslovaquia, que fue conocido en el mundo con el nombre de Primavera de Praga. En medio de la confusión de la invasión liderada por los soviéticos, un joven de tan solo 30 años, Josef Koudelka salió a la calle para documentar ese momento crítico, retratando a un pueblo entero que se defendió con lo que pudo. 


Invasión 68 Praga en la Fundación OSDE, en el marco del Festival de la Luz 2010
La impresionante belleza de la ciudad se transformó, a través de su lente, en el telón de fondo ideal para enmarcar a miles de personas que, portando palos, ladrillos, troncos, sogas y banderas destruidas (pero banderas al fin) se enfrentaron a los tanques y a los soldados que de la noche a la mañana irrumpieron en su vida. A medida que la destrucción y el caos se apoderaron de la ciudad, los vecinos se organizaron para repartir los diarios a mano y pegar, en los monumentos y en los frentes de sus casas, dibujos y carteles de denuncia hechos  por ellos mismos. Cuando los rumores los alertaron sobre el comienzo de las detenciones, no se quedaron atrás y rompieron los carteles que indicaban los nombres de las calles y las numeraciones de las casas para despistar al enemigo.
En las imágenes tomadas por Koudelka los viejos lloran, los jóvenes levantan sus puños cerrados en alto y las mujeres intentan dialogar con los soldados;  pero todos, hasta los niños, rodean los inmensos tanques e impiden su paso. Las fotos son estremecedoras porque retratan tanto a los ciudadanos checos como a los enemigos, muchos de los cuales, miran directamente a la cámara en una postura desafiante. Solo unos pocos lucen abatidos, como si hubieran tomado conciencia de la grandeza de ese pueblo que se ha unido para defenderse con uñas y dientes.  Durante esa semana, en la cual el trajín y la rutina diaria se detuvieron completamente, Koudelka fue más allá y no dudó en subirse a un tanque ruso para poder fotografiar los hechos desde el punto de vista contrario, plasmando así, en toda su potencia y esplendor, la reacción del pueblo checo.



El trabajo febril de Koudelka no se limitó solamente a realizar las tomas ya que paralelamentefue revelando y copiando. Durante el mismo año, y gracias a un conservador del museo Smithsonian, las fotos  pudieron salir del país rumbo a Estados Unidos. Allí se presentaron como de autor desconocido hasta que en 1969 fueron publicadas por la Agencia Magnum bajo el pseudónimo PP (Prague Pothographer), para continuar resguardando a Koudelka (a pesar que estaba exiliado desde 1970)  y sobre todo a sus padres que continuaban viviendo en Checoslovaquia. Por su trabajo, ese fotógrafo anónimo recibió la Medalla de Oro Robert Capa y luego de 16 años, en 1984, pudo confesarle al mundo su verdadera identidad. Recién en 1990 las imágenes podrán ser publicadas en su país natal, siendo reconocidas como un testimonio invalorable de aquellos días.

 “Lo que retraté en Checoslovaquia fue parte de mi vida,  no fotografíe una guerra, sino mi país”.  Josef Koudelka





Texto: Andrea Castro. 

Copyright todas las imágenes: Josef Koudelka/Magnum Photos, de la muestra Invasión 68 Praga organizada por la Fundación Aperture y coproducida con Magnum Photos.

jueves, 15 de julio de 2010

Sanación y condena

Nuevamente el Espacio de Arte de la Fundación Osde nos presenta una excelente muestra: Juan Carlos Distéfano, obras 1958-2010. Curada por María Teresa Constantin, su Coordinadora de Arte,  y  excepcionalmente montada, la exhibición se divide en cuatro núcleos centrales. El primero reúne los trabajos de los años 60;  el segundo los de la década del 70; el tercero, escapa a un orden cronológico pero agrupa las obras gracias a un mismo hilo conductor, “el equilibrio tenso de los cuerpos” y, finalmente, el cuarto agrupa los trabajos del último período revelando nuevos ejes en la producción del artista.  
Observando los numerosos dibujos que dan cuenta de los estudios preliminares que realiza Juan Carlos, para cada una de sus obras, y deteniéndonos un momento para disfrutar del video que lo muestra trabajando durante un lapso de tiempo, difícil de determinar, nos damos cuenta que Distéfano no es, ni podrá ser nunca, un artista compulsivo. Su particular y complicada técnica de representación escultórica, basada en el uso de resina poliéster, esmalte epoxi y ocasionales refuerzos de fibra  de vidrio, le brinda la posibilidad de reflexionar y tomar decisiones estéticas y éticas a cada paso de la materialización de su obra; a la vez que le posibilita ese dramático tratamiento de lo corporal que ya es su marca registrada.
El crítico Fabián Lebenglik ha dicho de Distéfano:”el centro de sus reflexiones es el cruce entre cuerpo y violencia. En sus obras el cuerpo humano modula torsiones, se extenúa, se estira, se contrae, se expande, se confunde con los objetos, forzado por distintas clases y grados de violencia. Son cuerpos atravesados (e inscriptos) por el dolor de la violencia social y política que caracteriza la historia facciosa y sangrienta de la Argentina”.
Sus primeros trabajos nos hacen pensar en un creador atrapado dentro de la bidimensión y cercano al pop (a partir de 1960 formó parte del departamento de diseño gráfico del Instituto Di Tella) ya que sus rostros y cuerpos comienzan a emerger tímidamente desde telas tratadas con velos de vidrio, lonas y la infaltable resina poliéster (Todos los días, 1965;  Tres versiones, 1966).

Todos los días
En los años 70 Distéfano ya se adueña por completo del espacio 3D para centrar su mirada “sobre la gravedad de la violencia y del ejercicio del poder autoritario, tanto de la dictadura como de la postdictadura”. La transparencia de la resina lo ayudará a incorporar la imagen del agua que, en general, aparecerá en su obra como un elemento asociado a la muerte. Su camino estético transitará, a partir de aquí, por una suerte de expresionismo que, en algunas obras, remitirá claramente a Francis Bacon (Giallo II 1972). El mudo (1973) , obra que paradójicamente permaneció en exhibición durante los años de la dictadura, representa a un hombre con los brazos atados a la espalda y sacando su cabeza de un balde con agua, en obvia alusión al método de tortura denominado el submarino; Telaraña (1974/75), en cambio, no supone la intervención de terceros pero deja en claro la imposibilidad de ese ser humano de librarse de la sustancia viscosa que lo envuelve y retiene, sin dejarlo nacer.

Telaraña

Giallo
En los años 80, algunos de sus personajes comienzan a experimentar momentos de escape gracias a la vuelta de la democracia, así sus caídos Icaros de alas vedadas por fin pueden animarse a volar (Primer intento de vuelo, 1989; Un pequeño escape II, 1991). A pesar de estas licencias creativas, y de sus posteriores homenajes a otros artistas, los años de plomo continuarán siendo un tema recurrente en su obra pero, lentamente, la violencia se irá trasladando hacia otros interlocutores: los que van a ir surgiendo poco a poco desde la marginación y la exclusión social. Kinderspelen (2003/06) es una obra compuesta por 9 piezas, basada en el célebre cuadro de Brueghel, Juego de niños: lamentablemente los niños de Juan Carlos, tienen armas de fuego incrustadas en su anatomía y “sus juegos siniestros ofrecen una galería de violencias físicas”. Esta  excelente retrospectiva del maestro Distéfano, que puede visitarse hasta fin de mes, llega hasta la actualidad. 

Ícaro II



Primer intento de vuelo
Kinderspelen

La última obra que se exhibe en ella está fechada en el 2010: La urpila en Buenos Aires, nos muestra a una niña que camina descalza sobre un piso cubierto de monedas que le son ajenas y, como tantos pequeños cartoneros, arrastra su carretilla  en la que carga, lo que ha encontrado, a su perrito y, muy simbólicamente, al Obelisco.

Del 3 de junio al 24 de julio
Espacio de Arte – Fundación OSDE
Suipacha 658 1º piso – lunes a sábado de 12 a 20hs.

 
La urpila en Buenos Aires
Fotos: Andrea Castro.