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miércoles, 30 de marzo de 2011

Panteón de Héroes

Desde el 31 de marzo hasta el 28 de mayo de 2011, el Espacio de Arte de la Fundación OSDE presenta la exposición "Panteón de héroes, historias, próceres y otros en el arte contemporáneo". En ella se exhibirán dibujos, esculturas, fotografías, grabados, instalaciones, objetos, pinturas y videos de artistas contemporáneos.

LUIS F. NOÉ
Cuando calienta el sol aquí en la patria, 1963

El título de la muestra remite a ese imaginario patriótico que las miradas de los artistas ponen en cuestión y la selección de obras se organiza en cuatro núcleos: historias, próceres, otros y estudiolo. Los primeros tres núcleos recuperan respectivamente representaciones de sucesos de la historia local, imágenes de diversos héroes nacionales y figuras que, o bien han tenido escasa visibilidad en los relatos históricos tradicionales, o han sido tipificadas como el “ser nacional”, o como su completa alteridad.
En contraste con los núcleos anteriores, el estudiolo reúne una serie de materiales de pequeño formato producidos desde comienzos del siglo XIX hasta el centenario de la Revolución de Mayo: dibujos, pinturas, láminas y ediciones que refieren a personajes o episodios citados por las obras contemporáneas. Estos objetos diversos comparten el espacio con ediciones, bocetos y materiales de estudio producidos por los artistas convocados para los otros tres núcleos.

RES.
Belgrano en el Monumento, 2009
Como mencionan Isabel Plante y Sebastián Vidal Mackinson, “la propuesta curatorial consiste en poner a prueba las selecciones y representaciones heredadas. Artefactos visuales que hacen reír, recordar, desconfiar, fijar información, despertar lealtad, generar identificaciones, restringir o incitar la imaginación.”

LUIS F. BENEDIT
San Martín en Chacabuco, 2009



Se exhibirán obras de los siguientes artistas:

Esteban Álvarez, Luis F. Benedit, Agustín Blanco, Marcelo Bordese, Gabriel Chaile, Leo Chiachio - Daniel Giannone, Cristina Coll, Julián D´Angiolillo, Leticia El Halli Obeid, Estanislao Florido, El Plan (Marcelo de la Fuente - Eduardo Visentini), Grupo de arte callejero (GAC), Norberto Gómez, Carlos Gorriarena, Alberto Heredia, Magdalena Jitrik, Patricio Larrambebere, Cándido López, Leonel Luna, Nuna Mangiante, Eduardo Molinari, Luis F. Noé, Javier Olivera, Daniel Ontiveros, Juan Léon Pallière, Alberto Passolini, Carlos Enrique Pellegrini, Cristina Piffer, Ricardo Pons, Res, Juan Carlos Romero, Graciela Sacco, Daniel Santoro, Eduardo Schiaffino, Guillermo Srodek-Hart, Graciela Taquini y Rogelio Yrurtia.




Curaduría: Isabel Plante – Sebastián Vidal Mackinson
Del  31 de marzo al 28 de mayo de 2011
Inauguración: jueves 31 de marzo a las 19 horas
Espacio de Arte - Fundación OSDE: Suipacha 658, 1er. Piso
De lunes a sábado de 12 a 20. Domingo y feriados cerrado

Visitas guiadas: miércoles a las 18 y sábados a las 17  
Entrada libre y gratuita

domingo, 16 de enero de 2011

El Recoleta llegó a los 30

Hacia finales de la década del 70, la entonces Intendencia Municipal de la Ciudad de Buenos Aires propuso remodelar lo que hasta poco tiempo antes había sido el asilo de ancianos “Hogar Gobernador Viamonte”, para transformarlo en un centro que albergara a varios museos de la ciudad. Ricardo Freixá, Secretario de  Cultura por aquellos años, decidió convocar a tres arquitectos, que además eran artistas plásticos y habían trabajado juntos como tales: Clorindo Testa, Jacques Bedel y Luis Benedit habían ganado el Gran Premio de la Bienal de San Pablo en 1977, como integrantes del Grupo CAYC. Conscientes del tremendo desafío al que se enfrentaban igualmente se sintieron tan honrados por la convocatoria que realizaron el anteproyecto ad honorem. El suyo fue uno de los primeros proyectos de restauración no histórica, que propuso preservar las antiguas edificaciones (un conglomerado de ejemplos arquitectónicos del siglo XVII al XX) y combinarlas con las nuevas de estética netamente contemporánea. Destacando  las características respectivas de cada construcción y articulando las arquerías coloniales con las tuberías de aire acondicionado, los tres arquitectos lograron integrar coherentemente el presente con el pasado. 


Testa+Bedel+Benedit 1970

El 3 de diciembre de 1980 se inauguró parte de la obra terminada con el nombre de Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires. Con el paso de los años y la diversificación de actividades, el primigenio complejo museológico fue modificando su destino final para transformarse en un espacio que, poco a poco, logró albergar un amplio abanico de manifestaciones artísticas nacionales e importantes muestras internacionales. Para mediados de los años 80 ya se lo apodaba cotidianamente como el Centro Cultural Recoleta, mixando cariñosamente, tal como hicieron sus tres padres, su presente con su pasado: en el siglo XVIII construyeron  su convento, sobre la estructura ya existente, los frailes Franciscanos Recoletos. De esta manera los vecinos encontraron un nuevo lugar de pertenencia y “el Recoleta” su nombre oficial definitivo.


Testa+Bedel+Benedit 2010
 
Hoy, tres décadas después, la Sala Cronopios (joyita del Centro que se remodeló según los estándares internacionales de exposición de obras) exhibe una muestra que homenajea a los tres hombres que le dieron vida a este faro cultural. Testa + Bedel + Benedit reúne obras de la producción plástica reciente de cada uno de ellos que, a pesar de las diferencias técnicas y estéticas, transitan por un mismo camino conceptual: la argentinidad.
La  extensa blancura de las paredes de la Cronopios es el marco perfecto para el reposo de las pinturas y las fotografías en las que Jacques Bedel reflexiona sobre la inmensidad de nuestras tierras, nuestras ciudades y nuestro mar. Sutiles imágenes impresas sobre PVC  y potentes obras en relieve nos acercan paisajes apacibles (Las ciudades de plata 1994, La mar oceánica 2010) pero también turbulentos (El llano en llamas 1996) y quemados por el fuego de pasiones que nos cuestan controlar cada vez más. 


El llano en llamas, Jacques Bedel
 
En sintonía un poco más campera Luis Fernando Benedit, al igual que en la maravillosa Equinus Equestris que presentó en el Malba en el 2009, nos sumerge nuevamente en las tradiciones y la cultura de ese campo profundo que en épocas pasadas supo hospedar indios, gauchos, criollos, patriotas y viajeros extasiados por lo exótico de nuestras pampas. Los rostros de esos hombres son retratados por el artista en impactantes carbonillas como la que muestra al General San Martín rodeado por las cumbres de los Andes (San Martín en Chacabuco 2002). Su realismo se complementa y contrasta con la visión más conceptual que nos brindan las instalaciones de Luis: sus sillas de cuero, de huesos y de fino estilo victoriano, nos hacen pensar en Sarmiento y su civilización o barbarie; su tijera de descornar novillos, se transforma en una especie de ready made vernáculo; y el impactante mural “La carne” refiere a esa condición carnívora exacerbada que se puede relacionar con algunas características del  típico macho argentino.


San Martín en Chacabuco, Luis Fernando Benedit

Silla de hueso A, Luis Fernando Benedit

Coronando  este curioso viaje por la idiosincrasia nacional, se destaca la  longitudinal instalación de Clorindo Testa, una improvisada línea de tiempo que comienza con la exhibición del esqueleto de un “Gliptodonte”; se continúa con la magníficamente concebida representación del “Obispo  muerto” y el “Obispo vivo”, encerrado en su propia y absurda realidad,  dos jaulas con famélicos perros atrapados en ellas; y “La Explosión”, un estallido final de color sobre mini caballetes que se multiplica en las obras de la pared contigua. Imposible no pensar en Los Dinosaurios sobre los cuales alguna vez cantó Charly García, imposible no reflexionar sobre la religión, la muerte, el encierro y la tortura, imposible no sentirse libre y reconfortado porque, a pesar de todo,  todavía podemos conmovernos gracias a nuestros grandes artistas.  

Fotos y Texto: Andrea Castro


Instalación Central, Clorindo Testa

Lámpara, Clorindo Testa


Sala Cronopios hasta el 20 de febrero del 2011
Centro Cultural Recoleta Junín 1930
Lunes a Viernes de 14 a 21; sábados, domingos y feriados, de 10 a 21.
Entrada libre y gratuita


lunes, 27 de diciembre de 2010

La herencia olvidada

Las salas de Proa están en penumbras. Sus guías se cansan de repetir a los visitantes que esto se debe a la conservación de las piezas que integran la muestra: una razón muy válida si tenemos en cuenta que la mayoría de ellas son textiles del siglo XIX.  Este inconveniente, sin embargo, es la clave para crear un contexto perfecto e ideal, en el cual resuenan demasiadas ausencias. Porque, si la presencia de piezas es abrumadora, la casi total inexistencia de los hombres y mujeres que les dieron vida es brutal. Ya desde la primera sala, el excelente diseño expositivo de Luis Fernando Benedit, nos hace sentir dentro de un paraíso perdido, donde todo nos es ajeno pero, a la vez, cercano. Las acertadas proyecciones, las instalaciones, que incluyen metafóricos maniquíes negros, y la disposición de las originales vitrinas, nos acercan a la cultura de las Pampas, de una manera nueva y muy diferente a la que tradicionalmente utilizan los museos etnográficos. Las Pampas: Arte y Cultura en el Siglo XIX, es una exhibición para vivenciar y conocer en profundidad, no solo el  inmenso legado artístico y cultural de nuestros pueblos originarios sino, también, la estructura política, económica y social de los verdaderos dueños de estas tierras. Parece una obviedad, pero la revalorización y difusión del legado de nuestras culturas  originarias, generalmente opacado por la magnificencia de los grandes imperios americanos o fríamente analizado desde la perspectiva del hombre blanco que las diezmó, es mucho más que justa y necesaria. 


Vista sala 3



El primer espacio está dedicado a las mujeres de los caciques, cuyos sosías pueblan la sala luciendo sus mejores galas. Ataviados con el tradicional quetpám (paño cuadrangular a moda de vestido) y cubiertos con la iculla (tejido que cubre los hombros), ostentan, sobre el fondo renegrido de ambos tejidos, toda la belleza de su segundo ropaje: sus joyas o “prendas” de plata. Tocados, aros, gargantillas, collares, pinches y pectorales conformaban por aquel tiempo símbolos que daban cuenta del poder económico y del capital político de cada cacique. Pero también, transformaban a las mujeres en un instrumento sonoro, aumentando su belleza y fuerza seductora, sobre todo cuando se mecían sobre los caballos. A pesar de que las descripciones de los viajeros hablan de las interminables procesiones de las que participaban las mujeres de cada uno de los caciques, no debemos pensar en ellas como personas dignas de una posición privilegiada ya que, al igual que las cautivas y los niños, constituían la principal fuerza de trabajo. Ellas eran las constructoras y la base de la comunidad, tejían, cuidaban el ganado, armaban los toldos y hasta construían arados, entre otras numerosas tareas. Justamente es la segunda sala la que nos introduce en la vida cotidiana y política de estos pueblos, a través de sus objetos cotidianos entre los que se destacan los juguetes de los niños, los magníficos mantos tehuelches, las palas de telar hechas con costillas de ballena y las ubres y testículos del ganado bovino, utilizados para acarrear agua. El centro del espacio, dominado por un círculo de ponchos, emula el modo en el que se organizaban las asambleas y parlamentos y da escalofríos por la belleza de las prendas y por la energía que desprenden esas falsas almas allí reunidas. Empalmando con el siguiente espacio se comienza a desarrollar aquí el tema de la platería ecuestre: el adorno de sus caballos era, para el cacique, tan importante como el de sus mujeres Es muy interesante  la comparación que se realiza entre las estilizaciones del pehuén (araucaria) y del búho, que aparecen en algunas piezas, y las abstracciones naturalistas del  estilo Art Decó.    

Mujer Mapuche con sus joyas de plata
El Parlamento. Vista sala 2

La sala tres está reservada al caballo, ese animal extranjero que se hizo inseparable de sus nuevos amos y les permitió el desarrollo del comercio con el mundo criollo y, a la vez, la ostentación de un nuevo poder en la guerra. Sus cabezas enjoyadas nos miran desde las paredes reafirmando las palabras de Lucio V. Mansilla: “el caballo indio es único (…) creemos que las extraordinarias características del animal se debieron, en gran medida, al especial respeto que por él sentía el indio. Era antes que nada su amigo”.
La última sala nos sorprende con una ondulante sucesión de ponchos, frente a los cuales serpentean en el aire las fajas mapuches. El poncho, ese permanente y fiel acompañante en la inmensidad de las pampas, era una prenda masculina tejida por una mano femenina. Ponchos pampeanos, araucanos, pehuenches y ranqueles exhiben aquí sus  eternos colores y sus magníficos diseños (algunos de ellos parecen teñidos al batik) ganándole la partida a los austeros y tristes tejidos industriales ingleses. Resguardados tras un vidrio e impecables a pesar del paso del tiempo, se exhiben el poncho que le regalaron al General San Martín durante el cruce de los Andes, el que perteneció al cacique Calfucurá y el que Mariano Rosas le regalara a Lucio Mansilla, su propio poncho, el tejido por su mujer principal: “entre los indios un gaje de amor; como el anillo nupcial entre los cristianos”. 


El caballo. Vista sala 3
El poncho. Vista sala 4


Las Pampas es una muestra que emociona por el alto grado de simbolismo que demuestra su montaje, por las sensaciones encontradas que provoca tanto en los visitantes como en el personal del museo (una de las guías me confió que se sentía especialmente perturbada cuando caía la tarde y los caciques reunidos en el Parlamento de la segunda sala parecían cobrar vida a la luz de los últimos rayos del sol) y por la labor de algunos de nuestros artistas plásticos que pone en evidencia: es notable la cantidad y calidad  de las piezas cedidas por la Fundación García Uriburu.

Texto: Andrea Castro. 
Fotos: Cortesía Prensa Fundación Proa.

Vista sala 3

Hasta el 9/1/2011
Fundación Proa: Av. Pedro de Mendoza 1929
De martes a domingo de 11 a 19 horas
Entrada general $10

www.proa.org