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domingo, 2 de diciembre de 2018

Unas perlas con doscientos años de historia.

María Antonieta de Austria, archiduquesa de Austria y reina consorte de Francia, decimoquinta y penúltima hija de Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico y de la emperatriz María Teresa I de Austria, se casó en 1770, a los catorce años con el futuro rey Luis XVI de Francia, en un intento por estrechar los lazos entre dos enemigos históricos. Como bien tituló la película de Sofía Coppola fue una reina adolescente que debió soportar el duro cambio que significó dejar la familiar corte austríaca para adentrarse en la frívola e intrigante corte de Versalles. Casada con un hombre voluble y débil de carácter que también asumió el trono siendo un adolescente, padeció su desamor, su escaso interés y un calvario hasta que su matrimonio se consumó y pudo darle a Francia su tan preciado heredero. Tratando de complacer a todos esos extranjeros que la trataban como si fuera un sapo de otro pozo, se dejó atrapar por la lujuriosa ostentación que era ley sagrada para los monarcas franceses, y llenó su profundo vacío emocional con un lujo indumentario sin igual. Los vestidos, las pelucas, los zapatos y las joyas rebosaron sus roperos y fueron parte de las innumerables gotas que terminaron rebalsando ese vaso que se transformó en la madre de todas las revoluciones. El trágico final de su familia, sólo una de sus hijas sobrevivió a la revolución, se asemeja, salvando las distancias, al que padeció la familia Romanov en Rusia a principios del siglo XX, y despierta, de la misma manera, intrigas, especulaciones y variadas teorías hasta el día de hoy. El interés por su historia y su figura se renueva con cada nuevo libro, película, serie o investigación histórica que se hace pública, por lo cual es lógico que el anuncio de una subasta de varias de sus famosas joyas de diamantes y perlas, 225 años después de su muerte, se haya transformado en un acontecimiento viral planetario. 





El pasado 14 de noviembre la casa de subastas Sotheby's remató en Ginebra 10 joyas que se posaron sobre el cuello, las orejas y el pecho de la reina, y que llegaron intactas hasta el día de hoy recorriendo un camino de novela. Empecemos por el principio: tras la fuga de Varennes, Luis XVI fue depuesto, la monarquía abolida el 21 de septiembre de 1792 y la familia real encarcelada. Nueve meses después de la ejecución de su marido, María Antonieta fue juzgada, condenada y guillotinada el 16 de octubre de 1793 en París, tenía 37 años. La reina fue previsora y, presagiando su destino final, puso a salvo algunas de sus joyas más preciadas. El periplo se inició en marzo de 1791, luego de que estallara la revolución en 1789. La familia real planificó con tiempo y esmero su huida de Francia: según el relato de la dama de compañía de María Antonieta, Madame Campan, la reina se pasó una tarde, en el palacio de las Tullerías, empaquetando entre algodones sus diamantes, rubíes y perlas. Luego colocó las joyas en un cofre de madera. Pocos días después, el cofre fue expedido a Bruselas, donde reinaba la hermana de María Antonieta, la archiduquesa María Cristina, también conocida como Mimi. Del resto del viaje de las alhajas se hizo cargo el conde Mercy Argentau, exembajador austríaco en París, un hombre de plena confianza de María Antonieta. Él fue quien las envió a Viena, la ciudad natal de la entonces reina de Francia, para que las guardara el emperador. La única sobreviviente de la familia, su hija María Teresa de Francia, también conocida como Madame Royal, fue liberada en diciembre de 1795. Un año después se marchó a Viena, donde su primo, el emperador, le entregó las joyas de su madre. Como María Teresa no tuvo hijos propios, las joyas fueron heredadas por su sobrina e hija adoptiva, Luisa de Francia, duquesa de Parma y nieta de Carlos X, rey de Francia. Éste, por su parte, las dejó en herencia directa a su hijo Roberto I, el último duque reinante de Parma, antes de que el ducado fuera anexado al Reino de Italia en 1859. El mayor de los hijos de Roberto I, Elías de Borbón-Parma, le dejó las joyas a su hija Alicia, esposa de Alfonso de Borbón y Borbón y por tanto cuñada de María de las Mercedes, madre de Don Juan Carlos, ex rey de España. Tras la muerte a los 99 años, en marzo de 2017, de la mencionada infanta Alicia de Borbón, las princesas Teresa e Inés de Borbón-Dos Sicilias (primas hermanas del ex rey Don Juan Carlos) y los hijos de su hermano fallecido, decidieron desprenderse de estos tesoros heredados de generación en generación llevándose la friolera de 46.239.607 euros. 







La impresionante subasta de Sotheby’s que duró casi cuatro horas, se promocionó con el nombre de “Joyas reales de la familia Borbón-Parma”, estuvo integrada por 100 lotes, y fue precedida por una campaña publicitaria internacional. Los futuros compradores pudieron contemplar estos tesoros en breves exposiciones en Londres, Nueva York, Hong Kong, Milán, Munich y Dubai. La colección fue catalogada como una de las más importantes colecciones de joyería real que jamás han llegado al mercado, ya que cada pieza está cargada de historia y nunca se había exhibido en público. De la reina de Francia se pusieron a la venta collares de perlas, diamantes de 49 quilates, pendientes, broches, un anillo con sus iniciales y un mechón entretejido de su cabello, otro con su retrato, y un reloj de bolsillo cuya caja lleva las iniciales “MA” y tres flores de lis, símbolo de la monarquía francesa. 









Conocida por la extravagancia y esplendor de su corte, María Antonieta tiene numerosos retratos en los que luce perlas. Éstas fueron muy codiciadas por las familias reales de Europa en el siglo XVIII debido a su rareza y extremo valor. 
El collar de perlas de tres vueltas, con 119 perlas naturales, que la infanta Alicia había lucido en numerosas ocasiones, como la boda de los actuales reyes Felipe y Letizia en 2004, fue adquirido por dos millones de euros, superando todas las expectativas, ya que partía de una valoración de entre 175.078 y 262. 616 euros.





Otro de los collares de perlas de María Antonieta fue adquirido por 1,7 millones, un broche por 1,5 y un par de pendientes por 316.000 euros. 





Pero la estrella de la velada fue, sin duda alguna, un colgante de diamante que sostiene una perla en forma de pera de tamaño excepcional (26 mm x 18 mm), llamada la perla de María Antonieta. Este último fue vendido entre aplausos por 32 millones de euros, aunque inicialmente estaba valorada entre 860.000 y 1.700.000, siendo la última joya en subastarse y consiguiendo un auténtico récord histórico. 




Para subrayar la relevancia de las joyas en oferta, Sotheby’s recordó que su procedencia ilustra las interconexiones entre las casas reales europeas, en especial entre los Habsburgo y los Borbones, “que han producido emperadores y reyes en dominios que incluían Alemania, Inglaterra, España, los Países Bajos e Italia”. Estas joyas, en efecto, fueron símbolos de poder absoluto, de obscena riqueza, atributos que de nada sirvieron –sino todo lo contrario– a personajes como María Antonieta, ya que en su hora final, se impuso el brillo de la hoja afilada de la guillotina sobre su cuello, al fulgor de sus diamantes.






Texto: Andrea Castro.
Fotos: Sotheby's, Vogue y fuentes varias.


miércoles, 15 de agosto de 2018

Van Gogh en la piel

Hace algunos años atrás hubiera dicho que es una total y absoluta falta de respeto. Pero, visto y considerando que para que las nuevas generaciones tengan alguna conexión con su pasado histórico, se debe recurrir a métodos drásticos, éste me parece uno excelente. Dejando de lado todas las especulaciones de marketing y manejo de marca que se deben haber tenido en cuenta para la realización del proyecto, me parece muy valioso que se intente acercar la obra de un genio como Van Gogh a grupos sociales que quizás en su vida han pisado un museo.







Buscando enlazar los puntos de conexión, que los hay y muchos, entre las actuales generaciones desangeladas y aquel clásico sufrimiento del artista no reconocido del siglo XIX, se generó un producto desacartonado y fresco pero con un profundo sentido simbólico. No de casualidad se eligió el motivo de la calavera para reforzar el mensaje, además de tomar los clásicos girasoles y otros de los motivos florales y paisajísticos más conocidos del pintor. Incluir entre los estampados reproducciones de las cartas originales que Vincent le envió por años a su hermano Theo es otra muy buena idea que ayuda a acercar no sólo la obra sino también parte de la vida personal del artista a públicos que seguramente la desconocen. 











La colección lanzada al mercado por la marca de zapatillas y ropa deportiva Vans, se realizó en colaboración con el Museo Van Gogh de Amsterdam, y consta de remeras, camperas estilo bomber, gorros, mochilas y calzado urbano deportivo. Parte de las ganancias de la venta de la denominada colección Vans x Van Gogh Museum serán donadas para preservar el legado artístico de este gran artista. 










Texto: Andrea Castro. 

jueves, 17 de mayo de 2018

Heavenly Bodies: una muestra celestial

La religión católica se ha caracterizado desde sus inicios por su teatralidad, fasto, pompa y circunstancia. La exuberancia, la riqueza desmedida y el alto simbolismo de sus rituales y vestimentas, la han acompañado desde el Imperio Bizantino hasta nuestros días. Sus numerosas y jerárquicas tipologías vestimentarias comparten varias de las características que en el mundo de la moda son exclusivas del más importante rubro de indumentaria: la alta costura. Materiales nobles de primerísima calidad; miles de horas de trabajo artesanal realizado a mano; dedicación absoluta en la confección; lujo; recargamiento; alto grado de simbolismo; magnificencia y poder, son conceptos que pueden estar hablando tanto de un traje de noche, como del atuendo de un Papa renacentista. Por ello, utilizarla como fuente de inspiración fue casi obvio para muchos de los grandes diseñadores de indumentaria del siglo XX, y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York se impuso la tarea de dar cuenta de esto, organizando la megamuestra “Heavenly Bodies: Fashion and the Catholic Imagination” en tres de sus sedes, y con todos los condimentos necesarios para que la misma sea el suceso del 2018.


Cruz procesional bizantina  (1050) - Gianni Versace 1997-98

San Pedro (siglo XIV) - Elsa Schiaparelli 1939

Cardenal Fernando Niño de Guevara (El Greco) - Balenciaga 1954 

Biblia (1607) - María Grazia Chiuri, Pierpaolo Piccioli for Valentino  2014
Distribuidas entre el Anna Wintour Costume Center, las Galerías Bizantinas y Medievales de la Quinta Avenida, y los Claustros del Metropolitan, las prendas paganas son exhibidas separadas, pero en concordancia, con objetos y ropajes religiosos procedentes del acervo de la Capilla Sixtina, que llegaron a Estados Unidos en varios arcones y protegidos por papel de seda. Es un gran acierto curatorial el montaje realizado en escenarios acordes a la temática y con el aporte de objetos de valor arqueológico, que realzan el ida y vuelta creativo e inspiracional. Dejar las frías vitrinas y los amplios espacios contemporáneos para los objetos litúrgicos y el ropaje del Vaticano, y colocar los maniquíes en capillas, jardines monacales y salas de alto valor histórico fue una forma de elevar el diseño por sobre la fuente de inspiración, otorgándole una valoración simbólica suprema. De este modo, vírgenes yacentes, ángeles que parecen haber caído del cielo, y figuras suspendidas a más de dos metros de altura, lucen las creaciones de los más grandes diseñadores de la moda del siglo XX, en ambientes recoletos y muy teatralizados. 




John Galliano for Dior FW 2000


Thierry Mugler FW 1984

Christian Lacroix FW 2009 

Jean Paul Gaultier SS 2007 

Riccardo Tisci, Madonna Delle Grazie, 2015

John Galliano for Dior FW 2005

Yves Saint Laurent  FW 1977

YSL Traje para la “Virgen del Rocío”, 1985

Jean Paul Gaultier SS 2007

Thierry Mugler FW 1984. Centro: Roberto Capucci 1987 

Rodarte 2011. Schiaparelli y Lanvin (ángeles)


Cristóbal Balenciaga 1967


Gianni Versace 1991




John Galliano for Dior 2004


Como en todas sus muestras, pero en ésta con más claridad y efecto que en ediciones anteriores, el MET no ha dejado un solo detalle librado al azar. Algo que pudo verse cabalmente reflejado en las producciones de fotos realizadas con modelos para la campaña promocional, y en la ya clásica alfombra roja de la gala de inauguración, en la cual, salvo alguna que otra ridiculez, el maridaje entre moda y religión brindó algunos muy buenos ejemplos de lo que puede salir de la cabeza de un diseñador cuando se inspira en una fuente tan potente.

Texto: Andrea Castro. 
Fotos: Met Museum, Getty Images, Just Jared, Vogue. 






Rihanna in custom Maison Margiela by John Galliano

Greta Gerwig by The Row

Taylor Hill by Diane von Furstenberg

Lily Collins by Givenchy

Rosie Huntington by Ralph Laurent


Kate Bosworth in Oscar de la Renta 


Blake Lively by Versace


Priyanka Chopra by Ralph Laurent 

Zendaya  by Versace

Lana del Rey y  Jared Leto by Gucci

Katy Perry by Versace