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lunes, 1 de abril de 2013

Nuevo curso en el Museo de la Mujer: Arte y Moda


La moda es un fenómeno social, un espejo de los tiempos y un medio por el cual se expresan las ideas, los paradigmas y los fenómenos culturales de las diferentes épocas históricas. Es cierto que la moda estuvo desde siempre al servicio de ricos y poderosos, marcando diferencias de roles y clases. También está claro que, a lo largo de los siglos, ha funcionado como una jaula de oro para los cuerpos femeninos que se vieron sometidos a toda clase de torturas en pos de los caprichos de dogmas religiosos, leyes monárquicas y palabras santas pronunciadas por diseñadores. Pero no podemos ignorar que durante el siglo XX muchos maestros del diseño, entre los que se destacan las primeras mujeres que triunfaron en este paradójico mundo de hombres, buscaron cambiar las cosas inspirándose en el arte, esa disciplina que de pronto se había vuelto rebelde y estaba  comenzando a echar por tierra todos los paradigmas que durante siglos había establecido la Academia. 




Objetivos:

• A través del análisis del trabajo de los diseñadores que se inspiraron en obras, artistas y movimientos plásticos trascendentales del siglo XX, reconocer los avances en materia de diseño que posibilitaron comenzar a recorrer el largo camino hacia la funcionalidad en la indumentaria femenina. 
• Visualizar las diversas expresiones artísticas contemporáneas como una fuente más de inspiración para potenciar el propio proceso creativo y sumar valor agregado a cada uno de nuestros diseños. 


CHANEL

SONIA  DELAUNAY

MADAME GRÉS
Contenidos:

• Cocó Chanel: un cuerpo  funcional y minimalista. La elegancia y la sobriedad de sus prendas relacionadas con el cubismo y el nacimiento del arte abstracto. 
• Sonia Delaunay: un cuerpo geométrico y vibrante de color. Sus vestidos simultáneos y sus diseños textiles basados en el orfismo.  
• Madeleine Vionnet y Madame Grés: un cuerpo neoclásico. El corte al bies y las prendas sin costuras inspiradas en la Grecia Clásica.
• Elsa Schiaparelli un cuerpo surrealista. Entre el escándalo, la imaginación llevada al extremo y la gran influencia de Salvador Dalí. El paralelismo con los diseños contemporáneos de Muccia Prada. 
•Yves Saint Laurent: un cuerpo vanguardista y étnico. Las culturas ancestrales y las principales vanguardias del siglo XX como fuente de inspiración para crear el hippie chic y la moda étnica.  
• Gianni Versace: un cuerpo posmoderno y teatral. La exuberancia de los años ochenta y un profundo amor por el arte conjugados en magistrales diseños de vestuario y magníficos trajes de noche. 
• John Galliano: un cuerpo ecléctico y conceptualmente multicultural. La suma de todo y el mix perfecto al servicio de Dior durante 15 años.

YVES SAINT LAURENT

JOHN GALLIANO


VERSACE


Duración: 8 clases 
Horario: miércoles de 18 a 20 hs.
Lugar: Museo de la Mujer / Pasaje Rivarola 147 CABA
Informes e inscripción: andreacastro20@gmail.com

domingo, 10 de julio de 2011

Lo que natura non da, Salamanca non presta

Primer desfile de alta costura de Christian Dior 
sin John Galliano.


Ayer comenzó uno de los eventos de moda más esperados del mundo: la Semana de la Moda en París. La expectativa por conocer las nuevas colecciones para la temporada invernal 2011 batió records al saberse que uno de los primeros desfiles de alta costura sería protagonizado por la casa Christian Dior, algo habitual si no fuera por un detalle: el despido de su diseñador en jefe John Galliano hace cuatro meses. Para los desmemoriados vale la pena recordar que el modisto fue juzgado, hace apenas dos semanas, por haber protagonizado un escándalo en el bar La Perle de la Ciudad Luz al agredir con gruesos insultos antisemitas a una pareja. En su descargo el inefable John dijo no acordarse de nada y culpó al alcohol, a las drogas, al profundo dolor por la muerte de su padre y a las presiones de la industria de la moda, por su estado mental. Virtualmente desempleado Galliano no admitió lo ocurrido y mucho menos el hecho de ser antisemita, solamente se disculpó con sus denunciantes e inició un tratamiento de desintoxicación, mientras espera el veredicto que se dará a conocer en el mes de septiembre. 
 
Para completar el novelón ayer Bill Gayten, colaborador directo de Galliano durante 23 años, y Suzanna Venegas, su primer asistente y mano derecha, presentaron, en nombre de todo el taller de la casa Dior, cinco colecciones en una sola noche. El resultado según los críticos fue: “una presentación esquizofrénica, marcada por un eclecticismo anárquico”. Si bien se rumorea que en realidad Gayten fue nombrado diseñador en jefe la semana pasada, en este primer desfile la falta de una cabeza con algo de genialidad que marque un rumbo claro fue notoria. Dejando totalmente de lado su ideología y el bochornoso hecho que protagonizó no se puede negar que la magia que desplegaba el diseñador gibralteño en cada una de sus presentaciones era sin igual. La combinación y mezcla de temáticas, colores y texturas eran perfectas y, a pesar del caos y la exuberancia aparentes, el desarrollo de sus desfiles siempre fueron impecables. Lo que se vio ayer en el Museo Rodin fue un cocoliche descomunal, una burda copia que por momentos pareció una burla a la maestría de un genio que supo revivir a Dior de una debacle segura, desde que hizo cargo como diseñador en jefe en 1987. 


 

De nada sirve que Gayten haya explicado que se basó en las obras arquitectónicas de Frank Gehry, Jean Michel Frank y el movimiento de Memphis de los años ochenta, ni que dijera: “busqué referentes más contemporáneos, es el principio de algo nuevo”. Las imágenes hablan por sí solas: colores primarios que remitieron sin sentido a la moda skate de los años 90, estampados deprimentes, accesorios que parecían haber sido comprados en el cotillón de la vuelta, cabellos por momentos electrizados y recogidos y por momentos sueltos y batidos y, lo peor, diferentes líneas muy mal mixadas sobre la misma pasarela. El comienzo fue un claro rescate de las líneas clásicas de la firma con conjuntos línea A y H, además de alguna que otra chaqueta Bar, que quedaron totalmente desdibujados por la exagerada aplicación de plisados y formas superpuestas y espiraladas en sí mismas como así también, por la horrenda combinación  de textiles, colores, texturas y estampados. Para un diseñador olvidarse de la sutileza y de la leve alegoría en desmedro de la elegancia es un pecado capital. 


 


De golpe los años 50 pasaron a ser los 70 y una oleada de lánguidos vestidos con reminiscencias hindúes y profundos colores selváticos inundaron la pasarela. Si algún desprevenido y apurado invitado entró en ese preciso momento al salón, seguramente creyó que en realidad estaba viendo un desfile de Roberto Cavalli. 





Como todo el mundo sabe que un desfile de alta costura tiene que terminar con las creaciones más impactantes, después de este descolgado impasse,  a Gayten no lo quedó otro remedio que retornar de golpe al volumen y la grandiosidad de los vestidos de noche, en un acto verdaderamente lamentable. Las estrellitas por sobre la cabeza de una de las modelos, la enorme medialuna que parece ahorcar a otra de ellas, las serpentinas plateadas sobre las enormes faldas y el decadente pierrot final fueron dignos de un corso de barrio en comparación con la fastuosidad cortesana que prodigaba Galliano. Sus directivos deberán reflexionar largamente sobre el futuro de la firma. Como marca reconocida internacionalmente dueña de un nombre y una ética y, sabiendo además lo que significó la irrupción de Christian Dior como diseñador en una París devastada por la Segunda Guerra, era imposible que John Galliano permaneciera al frente como diseñador en jefe. Pero tampoco era necesario este bochorno público, hubiera sido mucho más sensato saltarse esta temporada, aún a riesgo de perder la Haute Couture Label, otorgada por la Chambre Syndicale de la Haute Couture. 

Texto: Andrea Castro.