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lunes, 12 de octubre de 2015

Volvió Marta, volvió La Menesunda.

Un placer que gracias al trabajo de 100 personas y a que todo se documenta en esta vida, se pueda volver a disfrutar de un hito artístico - histórico que ocurrió antes de que yo naciera. En los 60 me lo perdí, en el 2015 ni loca dejo de ir. Hay tiempo hasta febrero del 2016 para entrar en el túnel del tiempo y vivir en carne propia lo que fue esa maravilla que se llamó Instituto Di Tella. Pasen y vean lo que ustedes tampoco se pueden perder.




Cincuenta años después de la histórica ambientación que Marta Minujín realizó junto a Rubén Santantonín en mayo de 1965 en el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella, el Museo de Arte Moderno se convierte en escenario y testigo de una reconstrucción fiel que se desplegará dentro de un espacio de 400 metros cuadrados.
La Menesunda -"mezcla", "confusión", en lunfardo- consistía en una estructura laberíntica que incluía un recorrido por once situaciones y se organizaba a partir de una secuencia de espacios cúbicos, poliédricos, triangulares y circulares, recubiertos por diferentes materiales, que generaban estímulos multisensoriales en el visitante.
La ambientación recupera en la actualidad el conjunto de relaciones materiales, sensoriales y simbólicas que hicieron posible su existencia en 1965. Fue una experiencia de ruptura respecto a los lenguajes visuales de la década.
Durante medio siglo se fue cargando de múltiples significaciones y relecturas, hasta transformarse en una obra central del imaginario cultural argentino. Esta reconstrucción invita a hacer nuevas lecturas del pasado, pero también despierta reflexiones y sensaciones en un contexto contemporáneo.
Realizada en 1965 con la colaboración de los artistas Pablo Suárez, David Lamelas, Rodolfo Prayón, Floreal Amor y Leopoldo Maler, La Menesunda -según dijeron sus creadores- no era obra ni happening, tampoco espectáculo. Era pura experiencia y provocación. Un proyecto de una magnitud descomunal que se convertiría en el escándalo del año, pero también en uno de los grandes hitos de la historia del arte argentino.
Según Minujín, “La Menesunda fue un hecho histórico. Miles de personas fueron en aquel momento, revolucionó todo Buenos Aires. Era un recorrido a través de situaciones que buscaban sorprender y sensibilizar al espectador para ser participante”.






La obra original
A La Menesunda se ingresaba a través de una alargada figura humana. El visitante debía subir una empinada escalera para encontrarse con el primero de los ambientes donde había una serie de televisores, de los cuales dos reproducían la imagen del visitante en circuito cerrado y otros cinco emitían imágenes de programas de televisión abierta.
Este espacio resumía la naturaleza del resto del recorrido. La presencia de los aparatos de T.V., incipientes miembros de la gran familia argentina, y la posibilidad para muchos de ver aparecer su imagen por primera vez en una pantalla plantean una serie de cuestiones que aparecerán en forma recurrente en la obra: el avance desaforado y el uso doméstico de la tecnología y los medios de comunicación.
El camino continuaba hacia el interior de una enorme cabeza de mujer. Allí, una maquilladora profesional y una masajista ofrecían sus servicios. Otro espacio, un angosto pasillo de paredes recubiertas por enormes “intestinos”, tenía un techo que se hacía más bajo a medida que el espectador avanzaba, hasta desembocar en un orificio por el cual se podía contemplar una serie de escenas de películas de Ingmar Bergman.
En otra de las tantas instancias, un breve tránsito por una heladera con temperaturas bajo cero y un intenso olor a dentista conducía a un pasillo ocupado por diversas formas y texturas que los transeúntes no tenían manera de evitar. Finalmente se llegaba a una habitación octogonal con paredes de espejos y olor a fritura, en cuyo centro se ubicaba una cabina de acrílico transparente, desde la cual se activaban luces negras y ventiladores que provocaban un torbellino de papel picado que acompañaría a los visitantes durante el trayecto de vuelta a su hogar.

















Polémica
La obra apareció en el circuito del arte argentino como una exposición inusual, que arrastró tanto escándalo mediático como éxito masivo. Los visitantes esperaban hasta tres o cuatro horas en la calle Florida para ingresar a la exposición. La prensa calificó la instalación como "tontería", "estupidez" (La Gaceta), "lamentable" (La Nación), "enervante" (La Prensa), mientras que sus creadores fueron adjetivados de "locos", "sinvergüenzas", sin omitir un "sentimos que nos han tomado el pelo descaradamente" (Careo).
En contraste con la burla irónica de los medios, el potencial crítico de esta obra se encontraba en su capacidad para romper con los límites establecidos por una sociedad aún conservadora, desdibujando los contornos del objeto, para reemplazarlo por una obra de arte total, que apelaba a todos los sentidos del participante, interpelándolo y provocándolo con imágenes de la intimidad de los hogares argentinos y de su cotidianeidad, apuntando a su voluntad para romper con las antiguas restricciones.













La reconstrucción
El proyecto de reconstrucción de La Menesunda -realizado a partir de documentación, fotografías, videos, notas de prensa, material audiovisual y testimonios de los artistas que colaboraron con Minujín y Santantonín en la pieza original de 1965- implicó un trabajo conjunto de los departamentos de Curaduría, Diseño y Producción de Exposiciones, y Conservación del Museo, junto a Marta Minujín, quien acompañó cada etapa de su desarrollo. El hecho de contar con la presencia de la artista hizo posible este gran proyecto. También se trabajó junto a un equipo de especialistas contratados para la ocasión, incluido el arquitecto Fernando Manzone.








La exposición  “La Menesunda según Marta Minujín”  se puede visitar hasta finales del mes de febrero de 2016 en Avenida San Juan 350, de martes a viernes de 12 a 18 hs. Sábados, domingos y feriados de 12 a 18 hs. Entrada general: $20. Martes gratis.
La sala tiene una capacidad limitada (500 personas por día) y el ingreso es por orden de llegada. Debido a la existencia de espacios restringidos y a la compleja circulación, la obra no es apta para menores de 16 años, personas que sufren claustrofobia, con insuficiencia cardíaca y/o con movilidad reducida. Tampoco podrán ingresar a la sala personas con tacos o zapatos en punta.


Texto: Museo Nacional de Arte Moderno.
Fotos: Gentileza Museo Nacional de Arte Moderno y Arsomnibus.


Video de la reconstrucción: Museo Nacional de Arte Moderno.
https://www.youtube.com/watch?v=4CRAq6c3_H8

miércoles, 28 de mayo de 2014

Marta Minujín: Inauguración Comunicando con Tierra


El proyecto que se presenta  en la galería Henrique Faria data de 1976. En el espacio se ve un nido de hornero.El hornero es un pájaro que se distingue de otras especies por su peculiar nido 
en forma de horno de barro. 
Un nido paradigma, o, por así decirlo, el nido perfecto. La acción a la que corresponde este nido tuvo lugar en un lugar mítico, Machu Picchu, en Perú.  Allí, Marta Minujín con autorización de las autoridades y con la ayuda de asistentes recogió 30 kilos de tierra, de lugares estratégicos, “cargados” de energía  A su regreso a Buenos Aires realizó una muestra en el CAyC y exhibió la tierra de dos modos distintos. El espacio lo ocupaban 25 bolsas de plástico, de un kilo cada una, y un nido de hornero realizado con los cinco kilos restantes mezclados con tierra local. 
Tras la muestra, Minujín envió esas bolsas a distintos artistas de Latinoamérica y marcó esos envíos en un mapa realizado en papel vegetal. La idea era que esa tierra, especial y captada en un punto geográfico e histórico tan emblemático, fuese esparcida en cada uno de los distintos lugares y, a su vez, otro kilo de tierra regresase para reemplazar la tierra sustraída. 


De la ceremonia de restitución no han quedado imágenes pero en la muestra pueden verse tres videos que documentan tres momentos muy distintos de aludir al paso del tiempo. Marta cubierta de tierra o Marta cubierta de máscaras que cuentan la historia de la transformación histórica pero también identitaria de un continente desde su pasado pre-colonial hasta el momento. La distintas acciones que se ven en los videos son modos de crear formas y eventos (bien sea con la tierra o con máscaras) “informativos” sobre las múltiples metamorfosis de un continente.



Inauguración: 19 de mayo a las 19 hs. 
Cierre: 17 de junio. 
Lugar: Libertad 1628. CABA. 




miércoles, 18 de julio de 2012

Curso: Mujeres en el arte: una mirada diferente y audaz




Hasta mediados del siglo XX las mujeres tuvieron limitado acceso a la educación y escasa participación dentro de los campos políticos y culturales.  Si se repasa con detenimiento la Historia del  Arte se concluye que este campo tampoco fue la excepción y entonces surge la pregunta: ¿por qué en más de 2.000 años de historia  han surgido tan pocas grandes artistas mujeres? La respuesta es tan clara como contundente: el arte femenino siempre ha sido impopular y ha tenido menos visibilidad porque, en general,  se lo asocia con labores domésticas y recreativas  que muy tibiamente suelen cultivas las amas de casa de pura cepa.
Investigando un poco debajo de la montaña de prejuicios e ideas preconcebidas, la realidad nos pone frente a mujeres de armas tomar que desde la antigüedad, pero sobre todo, durante el siglo XX, han puesto su cuerpo, sus ideas y su inmensa creatividad al servicio de diferentes disciplinas artísticas para expresar sus sentimientos y sus vivencias y sus opiniones desde una mirada diferente y sumamente audaz.  


Camille Claudel

Lola Mora

Louise  Bourgeois

María Boneo
Objetivos: 
• Descubrir cómo fue evolucionando la expresividad y el abordaje de temáticas cada vez más comprometidas a medida que el aporte de las mujeres en el mundo del arte fue cada vez mayor.  
• Vivenciar la profundidad del mensaje estético de algunas de las más importantes artistas de la Historia del Arte del siglo XX a través del conocimiento y el análisis de su vida y obra. 
• Analizar tanto los aspectos técnicos como expresivos de las obras, en profunda relación con el contexto histórico, social y familiar que condicionaron, para bien o para mal, su realización.


Frida Khalo

Raquel Forner
Georgia O'Keeffe

Josefina Robirosa

Contenidos: 
Ocho duplas de artistas, integradas por una extranjera y otra nacional, se conjugan a través de sus similitudes y diferencias en este camino que va desde la escultura a las expresiones multidisciplinarias contemporáneas, pasando por la pintura y la fotografía. 

Damas de armas tomar: mujeres escultoras. Camille Claudel y Lola Mora, Louise Bourgeois y María Boneo.

El imaginario femenino sobre el caballete. Frida Kahlo y Raquel Forner, Georgia O’ Keeffe y Josefina Robirosa.

Jugar con luz para contar historias. Diane Arbus y Annemarie Heinrich, Tina Modotti y Fabiana Barreda. 

De instalaciones y otras yerbas. Annette Messager y Marta Minujín, Orlan y Nicola Constantino. 



Diane Arbus

Annemarie Heinrich


Tina Modotti


Fabiana Barreda



Docente: Andrea Castro. 
Duración: 8 clases (2 meses). 
Horario: martes de 19 a 21 hs. 

Lugar: GuiJuAna espacio de arte: Anchorena 914 (y Córdoba), CABA
Informes: andreacastro20@gmail.com 


Annette Messager

Marta Minujín

Orlan

Nicola Constantino



lunes, 5 de septiembre de 2011

El arte pop como motor del diseño en la Argentina

Al Pop argentino se lo acusó durante mucho tiempo de importar una moda, un estilo y una ideología que no nos pertenecía, sin apreciar la originalidad y el sinfín de procesos creativos que generó tanto en el arte conceptual como en el desarrollo de las disciplinas de diseño que comenzaron a hacerse fuertes a partir de los años ochenta. Lawrence Alloway, crítico invitado como jurado del Premio Di Tella 1966, afirmaba en una nota en la revista Primera Plana: “aquí, los artistas que he visto son extravagantes en extremo, se los mira con desconfianza: eso no quiere decir que los artistas sean anormales. Ellos son normales, la sociedad argentina es la infranormal, exagerada, puntillosa, controladora”.




La década del 60 fue en nuestro país un momento cultural único que, si bien se inició como reflejo del quiebre artístico e ideológico que se estaba experimentando internacionalmente, logró incorporar elementos autóctonos y populares que posicionaron a nuestros artistas como fuertes referentes dueños de una identidad propia, autorreferencial y ligada al conceptualismo. Por primera vez nuestros creadores no se mimetizaron con lo que estaba sucediendo en la flamante capital del arte en la que se estaba transformando la ciudad de Nueva York; tampoco lo desconocieron. Muy por el contrario, encontraron en el Arte Pop una nueva forma de expresar y criticar al folklore urbano de una sociedad argentina que todavía permanecía fuertemente atada a esquemas conservadores.
Si bien el momento de madurez del lenguaje pop vernáculo puede situarse durante el apogeo del Instituto Di Tella, es cierto que sus trabajos derivaron en pocos años en propuestas cada vez más relacionadas con el arte de los medios y el incipiente mundo del diseño. La alianza comercial que generó Dalila Puzzovio con la tradicional zapatería Grimoldi para producir y vender sus  dobles plataformas; la creación de moda, estilos e imágenes (estás últimas para revistas como Vogue o Harper’s Bazaar) por parte del dúo Cancela-Mensejean; la reflexión sobre el arte y el mundo de la moda que planteó Eduardo Costa a través de sus Fashion Fictions y la labor simultánea de Edgardo Giménez como publicista, diseñador de objetos y escenógrafo, son solo algunos ejemplos que nos deben hacer reflexionar sobre el verdadero origen del diseño en la Argentina. 




En el año 1967 Dalila Puzzovio ganó el 2º Premio del Premio Internacional Di Tella al presentar una instalación (Doble Plataforma) que se transformó en un objeto artístico masivo. La fría estructura geométrica que contenía una sucesión de coloridos zapatos de plataforma de 14 cm. de altura, “ideales para subirse a ellos y ver las cosas desde otra perspectiva, oteando el horizonte”, fue el punto de partida del recorrido que los jurados tuvieron que realizar por gran parte de las sucursales de la tradicionalísima zapatería Grimoldi, para ver exhibidas en sus vidrieras y a la venta las ya famosas plataformas de la futura ganadora. Con una impecable jugada comercial, Dalila consiguió transformar su instalación en un verdadero work in progress al asegurarse que la empresa pusiera a su disposición los mecanismos de producción necesarios para fabricar los modelos y, como si esto fuera poco, los exhibiera y pusiera a la venta a pesar del rotundo contraste que generaban con sus propios productos: el éxito en sucursales  ubicadas en Liniers y Mar del Plata, fueron una sorpresa para la empresa. El año anterior Puzzovio también había obtenido el 2º Premio, del Premio Nacional Di Tella, con un gigantesco autorretrato pintado por artesanos afichistas de cine. Enmarcada por lamparitas, como si fuera el espejo del camarín de una artista, su imagen recostada sensualmente en la arena remitía en forma directa a una de las tantas producciones de fotos que, hasta el día de hoy, se publican en las revistas de moda. La obra ejemplificaba su firme creencia de que arte y moda tienen destinos semejantes (lo estético), no solo por el hecho de que su cuerpo estaba pintado a imagen y semejanza del de Verushka, la modelo de Vogue del momento, sino porque además, un texto de la famosa revista se adjuntaba en el catálogo de la muestra.





Mucho más intensamente que Dalila, el dúo integrado por Delia Cancela y Pablo Mesejean se vinculó desde sus comienzos con la moda, un universo en el cual los modistos de alta costura comenzaban a transformarse en diseñadores, las modelos en supermodelos y los desfiles en complejas puestas en escena. Juntos realizaron escenografías y vestuarios para los espectáculos teatrales del Centro de Experimentación Audiovisual del Di Tella, colecciones y desfiles propios, y producciones fotográficas e ilustraciones para la revista Vogue. Apropiándose del lenguaje de la moda, transformaron sus bocetos de moda en obras artísticas y sus cuadros en vestidos y accesorios. La sensibilidad femenina, el hedonismo juvenil y la visión de un mundo vital, tecnológico y de cuento de hadas, fueron temas recurrentes en sus trabajos, entre los que se pueden destacar la instalación Love and Life, que incluía el retrato de la supermodelo Jean Shrimpton vestida de astronauta; una performance para las Experiencias Visuales ’67, que combinó moda y comunicación a través del diseño de prendas para los empleados del Di Tella; y la edición y venta de la revista Yiyisch (lindo en idioma armenio) para las Experiencias ’68 del mencionado Instituto. Cuenta Grace Coddington (Directora Creativa de la American Vogue) que Cancela-Mesejean “hacían a la gente lucir como flores…me acuerdo…de vestidos de jersey y seda como tubos, sin costuras, que eran geniales. Empezaron jugando con telas, colores y bordados, y luego se volvieron más simples, como ese vestido negro de jersey que es la quintaescencia de lo que hoy llamarían minimal y en ese momento nadie lo entendió” (1).




Eduardo Costa, junto a Juan Risuleo, fue otro de los artistas que hizo propio el lenguaje visual y escrito de la moda para generar la obra Una moda (relato): 4 páginas de la revista mexicana Caballero que exhibían falsas joyas. Partiendo del libro El sistema de la moda de Roland Barthes, ambos artistas señalaban que habían encontrado un “nuevo campo para la creación de obras de arte: el de los textos y fotografías de moda”, un contexto lingüístico y de significación novedoso capaz de tomar metáforas literarias clásicas para describir las vestimentas: entre las falsas joyas se encontraban los cabellos de oro, ideales para que las muchachas rubias los entremezclaran con los propios. Cuando Costa llegó a Estados Unidos, Leo Castelli, un afamado galerista de la ciudad de Nueva York, lo mandó directamente a la revista Vogue para publicar su falsa joya aro-oreja. Richard Avedon le hizo las fotos y así nacieron los Fashion Fictions “obras que desafiaron a la institución moda al colarse en ella y hacerla reflexionar sobre sus cánones y posibilidades” (2).




Edgardo Giménez, también llamado el afichista de la cultura, fue el encargado de promocionar desde lo gráfico la interminable sucesión de eventos que acontecieron por aquellos días, de la mano de colores estridentes, dibujos planimétricos y destacadas tipografías. En el año 1965, junto a Dalila Puzzovio y Charlie Squirru, Edgardo alquiló durante 40 días un espacio público de publicidad ubicado en la esquina de Florida y Viamonte (el corazón de la llamada Manzana Loca), en el cual era habitual ver publicidades de grandes empresas como Coca-Cola o Aerolíneas Argentinas. Los tres artistas expusieron allí un enorme poster, pintado por profesionales de la agencia Meca a partir de un collage diseñado por ellos mismos, con la enorme pregunta ¿Porqué son tan geniales? sobre sus respectivos retratos. Esta autopropaganda fue mucho más que un gesto de provocación hacia las numerosas críticas y escándalos que producían las actividades de los artistas pop: fue una nueva forma de vender un nuevo arte que salía a la calle para anunciar la llegada de un nuevo estilo de vida. Multifacético y artista visual autodidacta, como suele definirse, Giménez también se acercó a la escenografía (en dos films del director Héctor Olivera), a la arquitectura (diseñó entre otras la casa de Romero Brest en City Bell) y a la creación de objetos utilitarios creativos y estéticos, al formar parte de Fuera de Caja, centro de arte para consumir.




Este dream team de “artistas – diseñadores”  que transitaron en los ’60 un camino impensado para la sociedad argentina de los ‘50, tuvo en Marta Minujín a su representante más radical. Empecinada en demoler cuanta estructura conservadora se mantuviera en pie a su alrededor, Minujín generó, a través de sus instalaciones y happenings, un tsunami de sensaciones que se apoderaron de los 5 sentidos de todos los que tuvieron el privilegio de formar parte y visitar sus obras. Hoy podemos decir que el diseño y la manipulación de los espacios, de las luces, del sonido y de las imágenes en obras como La Menesunda (1965), Simultaneidad en simultaneidad (1966), Minuphone (1967) y Minucode (1968) abrieron las puertas a un arte de participación y sentaron las bases para toda una generación de futuros diseñadores multimediales.




El cierre del Instituto Di Tella en 1970 fue visto por la gran mayoría como el fracaso de este movimiento rupturista. Años más tarde el comienzo de la dictadura sepultó por mucho tiempo el legado artístico y cultural de esos años maravillosos, produciendo un apagón cultural que duró alrededor de 15 años. Durante el 2010, exposiciones como  Imán Nueva York (en la Fundación Proa), La consagración de la Primavera (en la Fundación OSDE) y Marta Minujín, obras 1959-1989 (en el MALBA) volvieron a fijar la mirada, al igual que en los años ’90, en la escena cultural y artística de ese momento, generando una nueva puesta en valor de sus artistas y acercando su legado a las generaciones más jóvenes. Hoy, 50 años después, quizás necesitemos volver al Pop para entender porque desde la Menesunda (primer ambientación en el mundo que incorporó un circuito cerrado de televisión) a los programas de Marcelo Tinelli, una de nuestras obsesiones es la de mirar y ser mirado.  

 (1)Victoria Lescano. Followers of Fashion. Buenos Aires 2004. Pág.: 30
(2)María José Herrera. Catálogo de la muestra Pop! La consagración de la primavera. Buenos Aires 2010. Pág.: 41




Texto e imágenes: Andrea Castro.