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domingo, 12 de abril de 2015

La injusta mala fama de la espalda

Los ángeles no tienen espalda, los seres humanos sí. He aquí el comienzo del problema. Durante milenios nuestra especie casi siempre se ha olvidado de su espalda. En honor a la verdad a veces la recuerda pero, en general, para maltratarla y denigrarla injustamente. Veamos: darle a alguien la espalda es, cuanto menos, ofensivo; mirar a otra persona por sobre el hombro es prácticamente insultante; cuando hablamos mal de los otros lo hacemos a sus espaldas; el peor asesino es el que mata por la espalda; y el más grande de los arrogantes es ese que sobradoramente nos palmea la espalda como teniéndonos de hijos.
Por mucho más de 2000 años el arte se rehusó a retratar a una persona de espaldas. Los egipcios deliraban por la planimetría tanto de frente como de perfil pero, que yo sepa, los faraones tampoco tenían espalda. Las perfectísimas esculturas clásicas son envidiables reproducciones en 3D de bellísimos y armoniosos cuerpos humanos y, obviamente, tienen espalda, pero en general se punto fuerte está ubicado en el frente. El David de Miguel Ángel, al que solo le falta hablar, es admirado todos los días por miles de turistas que se deslumbran con los detalles hiperrealistas de sus músculos, de su rostro y de sus manos. Todos quedan embobados mirándolo de frente pero a casi ninguno se le ocurre tomarse la molestia de rodear tan espectacular escultura para disfrutar de la poderosa espalda de este hombre de mármol. Hasta el día de hoy no se sabe si esto sucede por respeto, temor, apuro, costumbre o, simplemente, vagancia.

David de Miguel Ángel

Estudio anatómico de Miguel Ángel

Lamentablemente tuvimos que esperar hasta finales del siglo XIX para que los impresionistas y otros locos vanguardistas, comenzaran a ver las cosas desde otro punto de vista. Ellos fueron quienes, en su desesperación por no perder terreno en manos del realismo absoluto de la fotografía, rescataron la belleza y el misterio de la espalda para el disfrute del resto de los humanos. Los críticos de arte de la época les dijeron de todo menos lindos pero no pudieron parar la bola de nieve y la idea pasó literalmente de los pinceles de los artistas plásticos a las manos de los grandes diseñadores de moda. También en este terreno nuestro dorso libró una larga lucha ya que por siglos fue el símbolo de la opresión en las mujeres aristocráticas que estaban obligadas a usar corset. Cintas, moños y lazos ciñeron con furia, día tras día,  las espaldas de estas estoicas damas que no tenían ni libertad para respirar, ni intimidad para cubrir o descubrir su cuerpo cuando y donde quisieran. Tener cintura de avispa fue sinónimo de status y de belleza pero no de buena salud: junta a las costillas las vértebras, sostén de la espalda, fueron las más perjudicadas. La liberación llegaría de la mano de los médicos, de los rayos X  y de las primeras feministas, quienes también les pasarían la posta a los diseñadores de indumentaria. Sin lugar a dudas, la espalda diseñada y retratada pasó por su mejor momento a lo largo de todo el siglo XX y aún hoy se mantiene dentro del top ten si hablamos de zonas erótico sensuales agradables tanto de ver como de mostrar.


La toilette, Edgard Degas 

Horst P. Horst 1939


Yves Saint Laurent 1971

La espalda es el refugio de los abrazos, es el reverso de nuestra personalidad, es la estructura en la que se apoya ese delicado rompecabezas de huesos que nos transformó en sufrientes animales bípedos que vagan por el mundo en  contra de la ley de gravedad. Por la espalda resbalan libres las gotas de lluvia, se deslizan amorosos besos y generosas caricias. Por la espalda corre la vida en forma de sustancias viscosas y de impulsos eléctricos que desde el cerebro, llegan al resto de nuestro cuerpo llevando y trayendo infinidad de mensajes. Por la espalda viajan también los escalofríos cuando algo nos asusta, nos entristece o nos emociona demasiado. Toda esta belleza y poesía no alcanzan todavía y nuestro pobre espinazo sigue perdiendo la batalla con la otra cara de la moneda.


Ingres Violin, Man Ray 1924

Supongo que la supremacía casi absoluta del frente de todo ser humano tiene que ver,  además de ser el referente innegable de la identidad individual a través del rostro, con que en él se concentran todos los sentidos que lo comunican con el mundo exterior. Cuántos de nosotros hemos dicho o pensado alguna vez: ¿por qué no tendré ojos en la espalda? Está claro que las cosas se dicen y se escuchan de frente pero ¿no es hermoso también que nos susurren un te amo al oído y por la espalda? Otro motivo de esta desconexión que poseemos con nuestra región dorsal puede ser el difícil acceso que tenemos a ella. Subirse un cierre, pasarse crema o protector solar y hasta reventarse un miserable granito resultan tareas imposibles de realizar sin la ayuda de otro caritativo ser de nuestra misma especie. Los espejos ayudan, pero mirarse la espalda sigue siendo algo bastante complicado y poder sacarse una auténtica selfie  (o autorretrato como se decía antes de Cristo) de espaldas es algo irrealizable. El origen de esta mala fama también puede tener que ver con el hecho de que la espalda nos pasa factura y cuando lo hace, duele con ganas. Dolor de cuello, dolor de cintura, en resumen dolor al fin, liso, claro e inaguantable. En defensa de nuestro espinazo debo decir que cuando patalea lo hace con razón porque parte de la injusticia que tenemos para con él radica en que no lo cuidamos como es debido. Maltratamos nuestra espalda: la doblamos, la retorcemos, forzamos sus bisagras al máximo y la cargamos con pesos imposibles de soportar, tanto reales como simbólicos. La imagen del titán griego Atlas cargando el peso del mundo entero sobre sus hombros o de Jesús apoyando su propia cruz sobra la espalda y arrastrándola hasta el momento y el lugar de su muerte, valen más que mil metáforas.


La columna rota, Frida Khalo 

Frida Khalo en la casa azul

Vanity Fair Cover

Alexander McQueen 1997-98

Una realidad innegable es que la espalda es nuestro lado vulnerable. Nos es difícil saber que pasa por detrás de ella, o sea por detrás de nosotros mismos, y además resulta ideal cuando los otros quieren inmovilizarnos con esposas o chalecos de fuerza. Se dice que esta idea de vulnerabilidad está ligada a una leyenda que asegura que los humanos teníamos alas y podíamos volar. Nuestras alas estaban ubicadas a la altura de los omóplatos, insertadas entre ellos y la columna. Cuando nos cortaron las alas y nos volvieron vulnerables la espalda dejó de tener un rol “importante” en nuestras vidas y casi por despecho comenzó a ser olvidada y denigrada. Hoy nuestra espalda no nos puede hacer volar pero nos ayuda a nadar, que no es lo mismo pero se parece a volar. También nos permite recostarnos en la arena y “volar” mirando las estrellas, o recostarnos en una mullida cama, dormirnos y soñar que tenemos alas y, a pesar de todo, podemos volar.



David Beckham Guardian angel tattoo



Texto: Andrea Castro. 


miércoles, 18 de julio de 2012

Curso: Mujeres en el arte: una mirada diferente y audaz




Hasta mediados del siglo XX las mujeres tuvieron limitado acceso a la educación y escasa participación dentro de los campos políticos y culturales.  Si se repasa con detenimiento la Historia del  Arte se concluye que este campo tampoco fue la excepción y entonces surge la pregunta: ¿por qué en más de 2.000 años de historia  han surgido tan pocas grandes artistas mujeres? La respuesta es tan clara como contundente: el arte femenino siempre ha sido impopular y ha tenido menos visibilidad porque, en general,  se lo asocia con labores domésticas y recreativas  que muy tibiamente suelen cultivas las amas de casa de pura cepa.
Investigando un poco debajo de la montaña de prejuicios e ideas preconcebidas, la realidad nos pone frente a mujeres de armas tomar que desde la antigüedad, pero sobre todo, durante el siglo XX, han puesto su cuerpo, sus ideas y su inmensa creatividad al servicio de diferentes disciplinas artísticas para expresar sus sentimientos y sus vivencias y sus opiniones desde una mirada diferente y sumamente audaz.  


Camille Claudel

Lola Mora

Louise  Bourgeois

María Boneo
Objetivos: 
• Descubrir cómo fue evolucionando la expresividad y el abordaje de temáticas cada vez más comprometidas a medida que el aporte de las mujeres en el mundo del arte fue cada vez mayor.  
• Vivenciar la profundidad del mensaje estético de algunas de las más importantes artistas de la Historia del Arte del siglo XX a través del conocimiento y el análisis de su vida y obra. 
• Analizar tanto los aspectos técnicos como expresivos de las obras, en profunda relación con el contexto histórico, social y familiar que condicionaron, para bien o para mal, su realización.


Frida Khalo

Raquel Forner
Georgia O'Keeffe

Josefina Robirosa

Contenidos: 
Ocho duplas de artistas, integradas por una extranjera y otra nacional, se conjugan a través de sus similitudes y diferencias en este camino que va desde la escultura a las expresiones multidisciplinarias contemporáneas, pasando por la pintura y la fotografía. 

Damas de armas tomar: mujeres escultoras. Camille Claudel y Lola Mora, Louise Bourgeois y María Boneo.

El imaginario femenino sobre el caballete. Frida Kahlo y Raquel Forner, Georgia O’ Keeffe y Josefina Robirosa.

Jugar con luz para contar historias. Diane Arbus y Annemarie Heinrich, Tina Modotti y Fabiana Barreda. 

De instalaciones y otras yerbas. Annette Messager y Marta Minujín, Orlan y Nicola Constantino. 



Diane Arbus

Annemarie Heinrich


Tina Modotti


Fabiana Barreda



Docente: Andrea Castro. 
Duración: 8 clases (2 meses). 
Horario: martes de 19 a 21 hs. 

Lugar: GuiJuAna espacio de arte: Anchorena 914 (y Córdoba), CABA
Informes: andreacastro20@gmail.com 


Annette Messager

Marta Minujín

Orlan

Nicola Constantino



domingo, 8 de febrero de 2009

Frida La Cojita

Magdalena del Carmen Frida Kahlo Calderón nació en Coyoacán en 1907, aunque ella solía decir que en realidad había nacido en 1910, no por quitarse años sino porque, según sus dichos, había nacido con la revolución. Si bien su vida estuvo marcada por el sufrimiento físico, causado por una poliomielitis primero y por un terrible accidente de tránsito después, ella logró hacer arte desde sus interminables horas de postración.
Desde el dolor más profundo surgió la vastedad de su magnífica obra que se caracteriza por englobar una curiosa síntesis de elementos expresionistas y surrealistas, siempre acompañados de una temática popular y autobiográfica. Mexicana hasta los huesos, sus atuendos folklóricos, su comida y hasta su casa, fueron también su marca registrada a la hora de rescatar las profundas tradiciones populares de su país.


Su obra Autorretrato con mono y loro de 1942 (en la segunda placa a la izquierda) pueden disfrutarla en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), un lujo que podemos darnos los porteños: tener muestro propio y pequeño pedacito de La Cojita.