domingo, 22 de agosto de 2010

Moda Futurista Hoy

El verdadero objetivo del Futurismo no era simplemente reemplazar una moda por otra sino abolir el sistema mismo de la moda diseñando el vestuario como una obra de arte, lo cual  tuvo mucho más que ver con aplicar el dinamismo futurista a todas las cosas de la vida diaria, que con la lógica mercantil de la moda. En 1914 Giacomo Balla publicó el manifiesto futurista sobre la vestimenta antineutral llamado “El traje masculino futurista”, en donde acusa al traje antiguo de representar “la negación de la masculinidad, la cual se enfoca en un antihigiénico pasado de telas pesadas y medios tonos aburridos, afeminados o decadentes”. En contraste con la ropa del pasado, el nuevo vestido futurista sería dinámico, asimétrico, ligero, simple y confortable, higiénico, alegre, revelador, voluntarioso, ágil, y sobre todo, variable. Las principales razones para estas cualidades eran “el deporte, y la necesidad de variar muy frecuentemente el entorno”. La ropa futurista de Balla se variaba o transformaba mediante el uso de modificadores (piezas de tela de diferentes tamaños, espesores o colores) que se podían colocar “a voluntad en cualquier parte del vestido, con botones neumáticos”. El impacto de los modificadores no se limitaba solo a su color o textura: algunos eran perfumados.




Este extracto de Against Fashion: Clothing as Art, 1850-1930 publicado por The MIT Press (©2004, Massachusetts Institute of Technology), fue quizás uno de los tantos textos que los 400 alumnos de la cátedra de Diseño de Indumentaria y Textil de Andrea Saltzman (UBA), investigaron para poder materializar el magnífico desfile que cerró la muestra El Universo Futurista en la vereda de la Fundación Proa. 



Lejos de las olas polares que estaban por venir la tarde del 4 de julio, se perfilaba como una tarde de domingo más en la Vuelta Rocha, salvo por la enorme pasarela montada en plena calle, por la gran cantidad de gente acumulada y por la adrenalina que fluía en derredor. La señal de partida la marcó el comienzo de la pieza musical creada por Carlos Campos a partir de las grabaciones de los sonidos que día a día inundan el edificio de Proa, desde una silla que es arrastrada hasta el desplazamiento del ascensor, y continuó con los cientos de trabajos de los alumnos de Diseño de Indumentaria I, II y III.  El desfile, según el comunicado de prensa, presentaría cuatro núcleos de investigación y trabajo: vestidos adherentes a modo de tatuaje con motivos futuristas; resignificación del traje masculino, cuestionando los conceptos de severidad y aportando confort, identidad y flexibilidad; nomadismo urbano y vestimenta transformable, adaptable a diferentes contextos a partir de la valoración del aspecto lúdico y el movimiento con trajes danzantes con efectos cinéticos.




Lo que el desfile presentó en realidad fue el arduo trabajo de más de un mes de cientos de alumnos, 140 de los cuales desfilaron las prendas, con un nivel de diseño y compromiso conceptual impecable, en una vibrante explosión de color, formas, movimiento, signos y palabras que hubiera dejado con la boca abierta hasta al mismísimo Tomasso Marinetti. Los vestidos y enteritos de lycra, teñidos y pintados a partir de obras del movimiento y acompañados por medias y zapatos también coloreados por los estudiantes, se sucedieron sin tregua en series de a cuatro; cuando la mente ya pedía un respiro los deconstruidísmos trajes masculinos hicieron su aparición. En medio de la comprensión de tipologías y colores que uno, lamentablemente, no está habituado a ver sobre una pasarela, de pronto un rostro resultó extrañamente familiar, la ovación de la gente reforzó la sensación y nos dimos que, como uno más, acababa de subirse a la pasarela nada más ni nada menos que Martín Churba, alumno de la cátedra en épocas pasadas, en un gesto que solo un grande podría tener con estos futuros diseñadores. Las excelentes tipologías urbanas transformables que siguieron fueron solo el comienzo de un final demoledor con surrealistas criaturas que no pararon de danzar y desplazarse acompañadas, en una perfecta sintonía, por las formas, colores y texturas de sus trajes. Cuando, sin dejar de contornearse, las extrañas medusas, erizos, pájaros, caracoles y mariposas bajaron para mezclarse con parte del público y despejar la pasarela para la pasada final, la bacanal fue completa: miles de imágenes, colores, formas y sensaciones se reunieron para saturar nuestras almas y hacernos gritar: ¡viva el futurismo!

Texto y Fotos: Andrea Castro.