viernes, 6 de mayo de 2011

De tanos y gallegos a bolitas y paraguas

Un cocinero con acento italiano nos recibe en su lugar de trabajo: la panza de un barco. Mientras lo prepara, nos empieza a explicar la receta del ragú (plato típico de la cocina italiana) que en unas horas se servirá a los pasajeros que, gracias a la magia del teatro, somos nosotros mismos.  Por sus palabras nos enteramos que somos viajeros de tercera clase, ya que los de primera, nos comenta, nunca bajan hasta allí por miedo a ensuciarse y a que el barco los digiera y los lance al mar.  En su afán por hacernos llevadera la visita, entre indicación e indicación, nos va relatando algunas de las muchas historias que los que se han embarcado en este barco le contaron. Un simple retoque de su vestuario basta para transformar al cocinero en uno, en cientos, en miles de inmigrantes que desde el siglo XIX al XXI no han cesado de cruzar mares y tierras fronterizas huyendo del hambre, de la guerra y de la pobreza. Con la inmigración italiana hacia Lamerica como protagonista principal, su relato no se olvida de relacionar, aunque sea al pasar, ese romántico y lejano océano surcado por gigantescos trasatlánticos con realidades mucho más actuales que nos hablan de balseros y ciudades infernales como Tijuana. 



Interpretados magistralmente, y casi al mismo tiempo que el cocinero, por Giampaolo Samà, conoceremos a un actor que debe hacer trámites surrealistas para conseguir su DNI argentino; a un ciudadano italiano de principios del siglo XX que es humillantemente interrogado en el Hotel de Inmigrantes y al cual, obviamente, le cambiaran el nombre; y a uno de los cientos de hombres que, buscando un futuro mejor, terminó enterrado en las minas de carbón de Bélgica. También nos quedará tiempo para asistir al hundimiento del trasatlántico el Sirio, cuyos pasajeros, casi todos emigrantes, fueron abandonados a su suerte por el Capitán y los oficiales, y a la magnífica transformación de Samà en Lucía, una jovencita de 15 años que es enviada a América a casarse con un hombre que ni siquiera conoce. Todos ellos buscan esperanzados un futuro y una vida mejor y se arrojan sin hacer muchas preguntas en los brazos de esos países que, como necesitan gente, se venden con falsas promesas y mentiras, haciendo ver a sus políticas inmigratorias como una forma más de legalizar la esclavitud y la discriminación: luego de ser vapuleado a su llegada al país, escuchamos al ciudadano italiano quejarse, en una carta a su familia, de ese montón de turcos, judíos, árabes y gallegos con los que debe compartir su vida en el conventillo.


Con algunos pasajes que se intuyen autobiográficos, Giampaolo Samà ha escrito e interpreta poniendo el cuerpo y el alma, un texto que al 80% de su público logra revolucionarle el ADN. ¿Cómo no pensar al borde del llanto en padres, abuelos y hasta bisabuelos al escuchar la voz de Pavarotti acompañar la transformación del actor en una jovencita con la única ayuda de una mantilla? ¿Cómo no sentirse parte de tanta inmoralidad cuando nos recuerdan que nuestra empleada es peruana, nuestro albañil paraguayo y nuestra verdulera boliviana? Entre pensamientos y emociones encontradas más de uno de nosotros sigue recordando, al salir de esa (ideal para esta ocasión) casa chorizo que es el teatro Timbre4, las palabras de la empleada que, por unos pesos extra, finalmente le entrega su documento al futuro Rodolfo Valentino: “el chino me cobra las cosas cada vez más caras”. 

Texto: Andrea Castro. 





Autor: Giampaolo Samà
Trabajo unipersonal: Giampaolo Samà
Voz en off: Miriam Odorico
Vestuario, Musicalización y Diseño gráfico: Giampaolo Samà
Colaboraciones de vestuario: Julio Suárez - Nancy Nuñez Suh
Asistente de Dirección: Elisenda Ibars Romanos
Dirección: Lorena Barutta



Funciones: domingos a las 20 hs.
Teatro: Espacio Polonia/ Fitz Roy 1477/ CABA
Tel: 3965-9549

Valor general $40. Para estudiantes y jubilados $25
www.lamericaobra.blogspot.com