domingo, 16 de enero de 2011

El Recoleta llegó a los 30

Hacia finales de la década del 70, la entonces Intendencia Municipal de la Ciudad de Buenos Aires propuso remodelar lo que hasta poco tiempo antes había sido el asilo de ancianos “Hogar Gobernador Viamonte”, para transformarlo en un centro que albergara a varios museos de la ciudad. Ricardo Freixá, Secretario de  Cultura por aquellos años, decidió convocar a tres arquitectos, que además eran artistas plásticos y habían trabajado juntos como tales: Clorindo Testa, Jacques Bedel y Luis Benedit habían ganado el Gran Premio de la Bienal de San Pablo en 1977, como integrantes del Grupo CAYC. Conscientes del tremendo desafío al que se enfrentaban igualmente se sintieron tan honrados por la convocatoria que realizaron el anteproyecto ad honorem. El suyo fue uno de los primeros proyectos de restauración no histórica, que propuso preservar las antiguas edificaciones (un conglomerado de ejemplos arquitectónicos del siglo XVII al XX) y combinarlas con las nuevas de estética netamente contemporánea. Destacando  las características respectivas de cada construcción y articulando las arquerías coloniales con las tuberías de aire acondicionado, los tres arquitectos lograron integrar coherentemente el presente con el pasado. 


Testa+Bedel+Benedit 1970

El 3 de diciembre de 1980 se inauguró parte de la obra terminada con el nombre de Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires. Con el paso de los años y la diversificación de actividades, el primigenio complejo museológico fue modificando su destino final para transformarse en un espacio que, poco a poco, logró albergar un amplio abanico de manifestaciones artísticas nacionales e importantes muestras internacionales. Para mediados de los años 80 ya se lo apodaba cotidianamente como el Centro Cultural Recoleta, mixando cariñosamente, tal como hicieron sus tres padres, su presente con su pasado: en el siglo XVIII construyeron  su convento, sobre la estructura ya existente, los frailes Franciscanos Recoletos. De esta manera los vecinos encontraron un nuevo lugar de pertenencia y “el Recoleta” su nombre oficial definitivo.


Testa+Bedel+Benedit 2010
 
Hoy, tres décadas después, la Sala Cronopios (joyita del Centro que se remodeló según los estándares internacionales de exposición de obras) exhibe una muestra que homenajea a los tres hombres que le dieron vida a este faro cultural. Testa + Bedel + Benedit reúne obras de la producción plástica reciente de cada uno de ellos que, a pesar de las diferencias técnicas y estéticas, transitan por un mismo camino conceptual: la argentinidad.
La  extensa blancura de las paredes de la Cronopios es el marco perfecto para el reposo de las pinturas y las fotografías en las que Jacques Bedel reflexiona sobre la inmensidad de nuestras tierras, nuestras ciudades y nuestro mar. Sutiles imágenes impresas sobre PVC  y potentes obras en relieve nos acercan paisajes apacibles (Las ciudades de plata 1994, La mar oceánica 2010) pero también turbulentos (El llano en llamas 1996) y quemados por el fuego de pasiones que nos cuestan controlar cada vez más. 


El llano en llamas, Jacques Bedel
 
En sintonía un poco más campera Luis Fernando Benedit, al igual que en la maravillosa Equinus Equestris que presentó en el Malba en el 2009, nos sumerge nuevamente en las tradiciones y la cultura de ese campo profundo que en épocas pasadas supo hospedar indios, gauchos, criollos, patriotas y viajeros extasiados por lo exótico de nuestras pampas. Los rostros de esos hombres son retratados por el artista en impactantes carbonillas como la que muestra al General San Martín rodeado por las cumbres de los Andes (San Martín en Chacabuco 2002). Su realismo se complementa y contrasta con la visión más conceptual que nos brindan las instalaciones de Luis: sus sillas de cuero, de huesos y de fino estilo victoriano, nos hacen pensar en Sarmiento y su civilización o barbarie; su tijera de descornar novillos, se transforma en una especie de ready made vernáculo; y el impactante mural “La carne” refiere a esa condición carnívora exacerbada que se puede relacionar con algunas características del  típico macho argentino.


San Martín en Chacabuco, Luis Fernando Benedit

Silla de hueso A, Luis Fernando Benedit

Coronando  este curioso viaje por la idiosincrasia nacional, se destaca la  longitudinal instalación de Clorindo Testa, una improvisada línea de tiempo que comienza con la exhibición del esqueleto de un “Gliptodonte”; se continúa con la magníficamente concebida representación del “Obispo  muerto” y el “Obispo vivo”, encerrado en su propia y absurda realidad,  dos jaulas con famélicos perros atrapados en ellas; y “La Explosión”, un estallido final de color sobre mini caballetes que se multiplica en las obras de la pared contigua. Imposible no pensar en Los Dinosaurios sobre los cuales alguna vez cantó Charly García, imposible no reflexionar sobre la religión, la muerte, el encierro y la tortura, imposible no sentirse libre y reconfortado porque, a pesar de todo,  todavía podemos conmovernos gracias a nuestros grandes artistas.  

Fotos y Texto: Andrea Castro


Instalación Central, Clorindo Testa

Lámpara, Clorindo Testa


Sala Cronopios hasta el 20 de febrero del 2011
Centro Cultural Recoleta Junín 1930
Lunes a Viernes de 14 a 21; sábados, domingos y feriados, de 10 a 21.
Entrada libre y gratuita