jueves, 7 de abril de 2011

El espejo de la decadencia

El comienzo de La felicidad según Mabel Riviere es brutalmente caótico, todos hablan a la vez e intentan desayunar atropelladamente  mientras terminan de prepararse para emprender sus actividades cotidianas. Cuando por fin se van, Mabel se queda sola, envuelta en su crónica depresión y en la ficticia calma de la cocina comedor. Luego de una breve charla con su padre, que se mueve en otro tiempo y lugar gracias al Alzheimer, la mujer  busca refugio en el único lugar posible: la voz de su terapeuta. La profesional, literalmente harta de los insistentes e inoportunos llamados de su paciente se deja ganar por lo inmanejable de la situación y le aconseja que deje la medicación, que salga de su casa dispuesta a hacer algo que la gratifique y que no la llame, ni la vea por una semana. Ilusionada ante esta nueva terapéutica mágica, salvadora y facilista, Mabel se maquilla y sale de compras. 

Mabel Riviere
 
A lo largo del fin de semana que está comenzando esta ama de casa de 52 años experimentará un cambio de actitud que la llevará desde un estado de dejadez agobiante a un estado de exaltación que resultará fatal. La negación, la decadencia y la falta de futuro y oportunidades que viven día a día la mayoría de los miembros de su familia, desataran en ella una violencia contenida y negada que, paradójicamente, la rodea cotidianamente aunque pase desapercibida. Su cambio de actitud se verá potenciado por hechos que cualquier persona objetiva y ajena al círculo familiar, léase el público, hubiera adivinado. Ya sea por la falta de medicación, dos días es muy poco tiempo para que el efecto residual de las drogas deje de manifestarse, o por la esperanza que deposita Mabel en esta nueva fase de su tratamiento, su empeño en recuperar la felicidad de su familia se desquiciará por completo. Un padre enfermo, un marido ausente que trabaja a destajo para poder costear las necesidades básicas de la familia; una hija que no encuentra el rumbo y lo único que hace es quejarse de su situación; un hijo ignorante que se deja seducir por las drogas y la delincuencia; y la joyita de la familia, el segundo hijo varón que estudia y parece ser el único capaz de construir para sí mismo un futuro promisorio, integran el universo de esta mujer de 52 años que solo se preocupa por satisfacerlos. Empujada por su terapeuta, Mabel comenzará a pensar un poco más en sí misma, “me voy para ser feliz” dirá al salir nuevamente de compras, para intentar procesar el hecho de haber descubierto a su hijo preferido haciendo el amor con otro hombre. La fantasía le durará poco porque  sus salidas comenzarán a tener como único fin el bienestar de esa familia disfuncional, cueste lo que cueste. 

Mabel y sus hijos
 
A pesar de que algunos personajes merecerían más profundidad dramática, la caracterización de cada uno de ellos es muy buena, destacándose la novia drogadicta de Pedro y la amiga fiestera de Maggie. El movimiento de objetos se torna por momentos abrumador, los dos desayunos y la cena se montan y desmontan en cuestión de minutos, pero contribuye a reafirmar el ritmo de esa rutina diaria y banal en la cual se encuentra inmersa una gran parte de las familias argentinas. La escenografía y el desplazamiento escénico sitúan el afuera contradictoriamente encerrado entre paneles negros, reafirmando la idea de que el hogar familiar es, todavía y a pesar de todo, uno de los pocos lugares seguros que nos quedan. El público es utilizado por los actores para mirarse al espejo y también para mirar la tele, ese nuevo espejo que día a día nos devuelve imágenes cada vez más aterradoras. La felicidad según Mabel Riviere es en definitiva la cruda metáfora de una sociedad integrada por personas vacías, marginadas, violentas y privadas de toda esperanza de progreso y superación: nuestra sociedad.   

Texto: Andrea Castro. 



Ficha Artística – Técnica

Actores: Mirta Sclavo | Roberto Moulin | Pablo Viollaz | Hernán Rodrigo | Mariela Rodríguez | Lionel Peralta | Emanuel D’Aloisio | Karina Monroy | Natalia Pascale | Patricia Galván
Espacio escénico: Juan Carlos Rivera
Operación de sonido: Stéfano Paván
Operación de luces: Magalí Romero
Diseño de maquillaje: Martín Caramés
Prensa: Marisol Cambre
Autor y director: Jorge Acebo



 

Funciones: sábados 23.00 Hs.
Teatro: Andamio 90 | Paraná 660 | CABA
Reservas al 4373-5670
Localidades $40 (Desc. Estudiantes y Jubilados $25)