lunes, 5 de septiembre de 2011

El arte pop como motor del diseño en la Argentina

Al Pop argentino se lo acusó durante mucho tiempo de importar una moda, un estilo y una ideología que no nos pertenecía, sin apreciar la originalidad y el sinfín de procesos creativos que generó tanto en el arte conceptual como en el desarrollo de las disciplinas de diseño que comenzaron a hacerse fuertes a partir de los años ochenta. Lawrence Alloway, crítico invitado como jurado del Premio Di Tella 1966, afirmaba en una nota en la revista Primera Plana: “aquí, los artistas que he visto son extravagantes en extremo, se los mira con desconfianza: eso no quiere decir que los artistas sean anormales. Ellos son normales, la sociedad argentina es la infranormal, exagerada, puntillosa, controladora”.




La década del 60 fue en nuestro país un momento cultural único que, si bien se inició como reflejo del quiebre artístico e ideológico que se estaba experimentando internacionalmente, logró incorporar elementos autóctonos y populares que posicionaron a nuestros artistas como fuertes referentes dueños de una identidad propia, autorreferencial y ligada al conceptualismo. Por primera vez nuestros creadores no se mimetizaron con lo que estaba sucediendo en la flamante capital del arte en la que se estaba transformando la ciudad de Nueva York; tampoco lo desconocieron. Muy por el contrario, encontraron en el Arte Pop una nueva forma de expresar y criticar al folklore urbano de una sociedad argentina que todavía permanecía fuertemente atada a esquemas conservadores.
Si bien el momento de madurez del lenguaje pop vernáculo puede situarse durante el apogeo del Instituto Di Tella, es cierto que sus trabajos derivaron en pocos años en propuestas cada vez más relacionadas con el arte de los medios y el incipiente mundo del diseño. La alianza comercial que generó Dalila Puzzovio con la tradicional zapatería Grimoldi para producir y vender sus  dobles plataformas; la creación de moda, estilos e imágenes (estás últimas para revistas como Vogue o Harper’s Bazaar) por parte del dúo Cancela-Mensejean; la reflexión sobre el arte y el mundo de la moda que planteó Eduardo Costa a través de sus Fashion Fictions y la labor simultánea de Edgardo Giménez como publicista, diseñador de objetos y escenógrafo, son solo algunos ejemplos que nos deben hacer reflexionar sobre el verdadero origen del diseño en la Argentina. 




En el año 1967 Dalila Puzzovio ganó el 2º Premio del Premio Internacional Di Tella al presentar una instalación (Doble Plataforma) que se transformó en un objeto artístico masivo. La fría estructura geométrica que contenía una sucesión de coloridos zapatos de plataforma de 14 cm. de altura, “ideales para subirse a ellos y ver las cosas desde otra perspectiva, oteando el horizonte”, fue el punto de partida del recorrido que los jurados tuvieron que realizar por gran parte de las sucursales de la tradicionalísima zapatería Grimoldi, para ver exhibidas en sus vidrieras y a la venta las ya famosas plataformas de la futura ganadora. Con una impecable jugada comercial, Dalila consiguió transformar su instalación en un verdadero work in progress al asegurarse que la empresa pusiera a su disposición los mecanismos de producción necesarios para fabricar los modelos y, como si esto fuera poco, los exhibiera y pusiera a la venta a pesar del rotundo contraste que generaban con sus propios productos: el éxito en sucursales  ubicadas en Liniers y Mar del Plata, fueron una sorpresa para la empresa. El año anterior Puzzovio también había obtenido el 2º Premio, del Premio Nacional Di Tella, con un gigantesco autorretrato pintado por artesanos afichistas de cine. Enmarcada por lamparitas, como si fuera el espejo del camarín de una artista, su imagen recostada sensualmente en la arena remitía en forma directa a una de las tantas producciones de fotos que, hasta el día de hoy, se publican en las revistas de moda. La obra ejemplificaba su firme creencia de que arte y moda tienen destinos semejantes (lo estético), no solo por el hecho de que su cuerpo estaba pintado a imagen y semejanza del de Verushka, la modelo de Vogue del momento, sino porque además, un texto de la famosa revista se adjuntaba en el catálogo de la muestra.





Mucho más intensamente que Dalila, el dúo integrado por Delia Cancela y Pablo Mesejean se vinculó desde sus comienzos con la moda, un universo en el cual los modistos de alta costura comenzaban a transformarse en diseñadores, las modelos en supermodelos y los desfiles en complejas puestas en escena. Juntos realizaron escenografías y vestuarios para los espectáculos teatrales del Centro de Experimentación Audiovisual del Di Tella, colecciones y desfiles propios, y producciones fotográficas e ilustraciones para la revista Vogue. Apropiándose del lenguaje de la moda, transformaron sus bocetos de moda en obras artísticas y sus cuadros en vestidos y accesorios. La sensibilidad femenina, el hedonismo juvenil y la visión de un mundo vital, tecnológico y de cuento de hadas, fueron temas recurrentes en sus trabajos, entre los que se pueden destacar la instalación Love and Life, que incluía el retrato de la supermodelo Jean Shrimpton vestida de astronauta; una performance para las Experiencias Visuales ’67, que combinó moda y comunicación a través del diseño de prendas para los empleados del Di Tella; y la edición y venta de la revista Yiyisch (lindo en idioma armenio) para las Experiencias ’68 del mencionado Instituto. Cuenta Grace Coddington (Directora Creativa de la American Vogue) que Cancela-Mesejean “hacían a la gente lucir como flores…me acuerdo…de vestidos de jersey y seda como tubos, sin costuras, que eran geniales. Empezaron jugando con telas, colores y bordados, y luego se volvieron más simples, como ese vestido negro de jersey que es la quintaescencia de lo que hoy llamarían minimal y en ese momento nadie lo entendió” (1).




Eduardo Costa, junto a Juan Risuleo, fue otro de los artistas que hizo propio el lenguaje visual y escrito de la moda para generar la obra Una moda (relato): 4 páginas de la revista mexicana Caballero que exhibían falsas joyas. Partiendo del libro El sistema de la moda de Roland Barthes, ambos artistas señalaban que habían encontrado un “nuevo campo para la creación de obras de arte: el de los textos y fotografías de moda”, un contexto lingüístico y de significación novedoso capaz de tomar metáforas literarias clásicas para describir las vestimentas: entre las falsas joyas se encontraban los cabellos de oro, ideales para que las muchachas rubias los entremezclaran con los propios. Cuando Costa llegó a Estados Unidos, Leo Castelli, un afamado galerista de la ciudad de Nueva York, lo mandó directamente a la revista Vogue para publicar su falsa joya aro-oreja. Richard Avedon le hizo las fotos y así nacieron los Fashion Fictions “obras que desafiaron a la institución moda al colarse en ella y hacerla reflexionar sobre sus cánones y posibilidades” (2).




Edgardo Giménez, también llamado el afichista de la cultura, fue el encargado de promocionar desde lo gráfico la interminable sucesión de eventos que acontecieron por aquellos días, de la mano de colores estridentes, dibujos planimétricos y destacadas tipografías. En el año 1965, junto a Dalila Puzzovio y Charlie Squirru, Edgardo alquiló durante 40 días un espacio público de publicidad ubicado en la esquina de Florida y Viamonte (el corazón de la llamada Manzana Loca), en el cual era habitual ver publicidades de grandes empresas como Coca-Cola o Aerolíneas Argentinas. Los tres artistas expusieron allí un enorme poster, pintado por profesionales de la agencia Meca a partir de un collage diseñado por ellos mismos, con la enorme pregunta ¿Porqué son tan geniales? sobre sus respectivos retratos. Esta autopropaganda fue mucho más que un gesto de provocación hacia las numerosas críticas y escándalos que producían las actividades de los artistas pop: fue una nueva forma de vender un nuevo arte que salía a la calle para anunciar la llegada de un nuevo estilo de vida. Multifacético y artista visual autodidacta, como suele definirse, Giménez también se acercó a la escenografía (en dos films del director Héctor Olivera), a la arquitectura (diseñó entre otras la casa de Romero Brest en City Bell) y a la creación de objetos utilitarios creativos y estéticos, al formar parte de Fuera de Caja, centro de arte para consumir.




Este dream team de “artistas – diseñadores”  que transitaron en los ’60 un camino impensado para la sociedad argentina de los ‘50, tuvo en Marta Minujín a su representante más radical. Empecinada en demoler cuanta estructura conservadora se mantuviera en pie a su alrededor, Minujín generó, a través de sus instalaciones y happenings, un tsunami de sensaciones que se apoderaron de los 5 sentidos de todos los que tuvieron el privilegio de formar parte y visitar sus obras. Hoy podemos decir que el diseño y la manipulación de los espacios, de las luces, del sonido y de las imágenes en obras como La Menesunda (1965), Simultaneidad en simultaneidad (1966), Minuphone (1967) y Minucode (1968) abrieron las puertas a un arte de participación y sentaron las bases para toda una generación de futuros diseñadores multimediales.




El cierre del Instituto Di Tella en 1970 fue visto por la gran mayoría como el fracaso de este movimiento rupturista. Años más tarde el comienzo de la dictadura sepultó por mucho tiempo el legado artístico y cultural de esos años maravillosos, produciendo un apagón cultural que duró alrededor de 15 años. Durante el 2010, exposiciones como  Imán Nueva York (en la Fundación Proa), La consagración de la Primavera (en la Fundación OSDE) y Marta Minujín, obras 1959-1989 (en el MALBA) volvieron a fijar la mirada, al igual que en los años ’90, en la escena cultural y artística de ese momento, generando una nueva puesta en valor de sus artistas y acercando su legado a las generaciones más jóvenes. Hoy, 50 años después, quizás necesitemos volver al Pop para entender porque desde la Menesunda (primer ambientación en el mundo que incorporó un circuito cerrado de televisión) a los programas de Marcelo Tinelli, una de nuestras obsesiones es la de mirar y ser mirado.  

 (1)Victoria Lescano. Followers of Fashion. Buenos Aires 2004. Pág.: 30
(2)María José Herrera. Catálogo de la muestra Pop! La consagración de la primavera. Buenos Aires 2010. Pág.: 41




Texto e imágenes: Andrea Castro.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Inauguración de la muestra fotográfica ..."Argentina..."

La fotógrafa Lucila Bensasson de Pasqualini inaugura esta muestra de fotografías blanco y negro, integrada por una selección de paisajes de nuestro país que esconden un sutil mensaje ecológico en su conjunto.

"Paisajes de otros tiempos. Ancestrales misterios que aún siguen siendo develados. Soledad y aridez extrema conquistada por el hombre y, paradójicamente, devastada por él mismo. Tierras antiguamente dominadas por gigantes que hoy muestran sobre su superficie irreverentes huellas de contemporáneas zapatillas, descubiertas gracias a la mirada urbana de la artista. Una mirada que también supo observar e inmortalizar la belleza y la inmensidad de una tierra que hoy sufre los embates de una Gaia que se sacude, tiembla y vomita su descontento sobre la raza humana que intenta dominarla".  
Texto: Andrea Castro







Inauguración: 17/8 a las 19:30 hs.
Lugar: Café Monserrat
Dirección: San José 524 CABA
Hasta el: 26 de agosto 
 


martes, 2 de agosto de 2011

Capacitaciones particulares para diseñadores

Relevamiento de tendencias y armado de colección

Dirigido a: Diseñadores que estén comenzando a desarrollar su propia marca, emprendedores que necesiten revitalizar su producción y encarrilar su negocio, estudiantes de diseño en general.

Objetivos:
Reflexionar sobre el complejo mundo de las tendencias y las marcas de moda, para conocernos a nosotros mismos como diseñadores y para comenzar a observar al sistema de la moda desde otro punto de vista.
Sistematizar la creación y materialización de diseños a través de una metodología clara que se pueda aplicar de manera constante a toda fuente de inspiración, ordenando tanto la producción como la imagen de la marca.

Contenidos:
Definición de tendencia y Zeitgeist
Ciclo de vida y tipos de tendencias
Sistema de movimiento de las tendencias
Mapa de las tendencias
¿Existen realmente las tendencias?
¿Cómo se releva una tendencia?
Rubros de moda
Proceso proyectual
Armado de colección:
-    contexto
-    programa de necesidades
-    pautas y elementos de diseño
-    análisis objetual
-    tipos de series  y  líneas 




La importancia del color en la creación indumentaria

Dirigido a: Diseñadores o estudiantes de diseño en general, creadores independientes y artistas.

Objetivos:
Conocer los profundos significados y las sensaciones que causan los colores en los seres humanos.
Aprender a utilizarlos y combinarlos para potenciar la atracción de los diseños o creaciones según el rubro y el público al cual estén dirigidos. Liberar la creatividad a través del manejo adecuado de los colores.

Contenidos:
Teoría del color: combinaciones armónicas e impactantes.
Las dimensiones del color
Psicología del color: el color en el lenguaje de la moda.
La evolución del simbolismo de los colores a lo largo de la historia.
Las sensaciones del color: Teoría del color de Wassily Kandinsky
Última clase: actividad práctica




Seminario: El tejido y los grandes diseñadores de moda 

Tres horas para conocer las creaciones en tejido a las cuales, de vez en cuando, se animan los grandes creadores de la moda tanto nacionales como internacionales. Sin olvidarnos por supuesto de los diseñadores que apuestan únicamente a esta técnica ancestral para materializar sus creaciones. 




Informes: andreacastro20@gmail.com

viernes, 22 de julio de 2011

Reinas Latentes en la Universidad de Palermo

Reinas latentes, coloridas, emplumadas, vanguardistas, guardadoras de secretos ancestrales y objetos preciados inundaron la pasarela en uno de los desfiles de la 13ª Edición Moda en Palermo, el ya clásico ciclo de muestras y performances del cual participan todas las cátedras de diseño de la Universidad del mencionado barrio. Las reinas nacieron de la creatividad y del trabajo de los alumnos de la Cátedra Diseño III de Ileana Capurro.




  
El punto de partida fue sin duda un desafío: basar las estructuras morfológicas de los diseños en un objeto muy querido y significante y, a la vez, lograr un estilismo inspirado en el movimiento punk centroamericano. Si bien Ileana, muy gentilmente, me ha explicado que entre los objetos utilizados por los alumnos se encontraban recuerdos varios de la infancia, tomas fotográficas de personas representativas en sus vidas, piezas heredadas, cofres y hasta mamushkas, el alto grado de conceptualización y de operatoria morfológica que presentaron los diseños logró, por una parte, evitar caer totalmente en cualquier estereotipo y, por la otra, disparar la imaginación del espectador a límites insospechados. En un esfuerzo por descifrar lo indescifrable, la forma concreta que puede tomar la representación de un sentimiento humano relacionado a un objeto, se pudieron vislumbrar en las pasadas pétalos de flores, abanicos, antiguos encajes y ligas de novias, viejas fotos en tonos sepias, tutús de bailarinas y muñecos de peluche, pensando, en realidad, en objetos más propios que ajenos.





Las ondulantes formas, facetadas, enroscadas, plegadas y trenzadas hasta el extremo fueron realizadas en liencillo de algodón y combinadas con gorros de lana coronados por crestas. El uso de un material que tradicionalmente se utiliza en los diseño de alta costura para realizar la denominada toile (traje de prueba), la osada combinación con la lana y el agregado de las crestas, remitieron directamente a la irreverencia y a la estética punk, me explicó nuevamente Ileana. 






Mientras que el manejo de las formas fue apabullante, el del color no se quedó atrás, no solo por las combinaciones que se manejaron sino por la excelente decisión de aerografiar los diseños, logrando contrastes, degrades y detalles que acompañaron y realzaron hábilmente cada uno de los pliegues y ondulaciones del liencillo.






A  pesar de que las piernas estuvieron fuera de juego, cubiertas por calzas blancas, otro acierto fue no cortar la estética más allá de ellas y continuar el juego en los pies con interesantes intervenciones en los zapatos en combinación con los gorros de lana. Estos últimos, justamente, fueron los que redondearon magistralmente el concepto general, en primer lugar por su clara reminiscencia latinoamericana (más bien andina e incaica) y, en segundo lugar, por la importancia de las ya mencionadas crestas. 






 


La variedad de formatos y colores las transformaron, en algunos gorros, en verdaderos penachos de guerra, muy similares a los utilizados por los soldados romanos en sus cascos, reafirmando así el carácter combativo de una de las tribus urbanas más revulsivas del siglo XX. En otros, en cambio, la estética más plumaria remitió directamente a las aves y a ese especial cuidado que ellas ponen en generar un objeto de diseño, su nido, para atesorar y resguardar sus objetos más preciados.
Texto: Andrea Castro. 




domingo, 10 de julio de 2011

Lo que natura non da, Salamanca non presta

Primer desfile de alta costura de Christian Dior 
sin John Galliano.


Ayer comenzó uno de los eventos de moda más esperados del mundo: la Semana de la Moda en París. La expectativa por conocer las nuevas colecciones para la temporada invernal 2011 batió records al saberse que uno de los primeros desfiles de alta costura sería protagonizado por la casa Christian Dior, algo habitual si no fuera por un detalle: el despido de su diseñador en jefe John Galliano hace cuatro meses. Para los desmemoriados vale la pena recordar que el modisto fue juzgado, hace apenas dos semanas, por haber protagonizado un escándalo en el bar La Perle de la Ciudad Luz al agredir con gruesos insultos antisemitas a una pareja. En su descargo el inefable John dijo no acordarse de nada y culpó al alcohol, a las drogas, al profundo dolor por la muerte de su padre y a las presiones de la industria de la moda, por su estado mental. Virtualmente desempleado Galliano no admitió lo ocurrido y mucho menos el hecho de ser antisemita, solamente se disculpó con sus denunciantes e inició un tratamiento de desintoxicación, mientras espera el veredicto que se dará a conocer en el mes de septiembre. 
 
Para completar el novelón ayer Bill Gayten, colaborador directo de Galliano durante 23 años, y Suzanna Venegas, su primer asistente y mano derecha, presentaron, en nombre de todo el taller de la casa Dior, cinco colecciones en una sola noche. El resultado según los críticos fue: “una presentación esquizofrénica, marcada por un eclecticismo anárquico”. Si bien se rumorea que en realidad Gayten fue nombrado diseñador en jefe la semana pasada, en este primer desfile la falta de una cabeza con algo de genialidad que marque un rumbo claro fue notoria. Dejando totalmente de lado su ideología y el bochornoso hecho que protagonizó no se puede negar que la magia que desplegaba el diseñador gibralteño en cada una de sus presentaciones era sin igual. La combinación y mezcla de temáticas, colores y texturas eran perfectas y, a pesar del caos y la exuberancia aparentes, el desarrollo de sus desfiles siempre fueron impecables. Lo que se vio ayer en el Museo Rodin fue un cocoliche descomunal, una burda copia que por momentos pareció una burla a la maestría de un genio que supo revivir a Dior de una debacle segura, desde que hizo cargo como diseñador en jefe en 1987. 


 

De nada sirve que Gayten haya explicado que se basó en las obras arquitectónicas de Frank Gehry, Jean Michel Frank y el movimiento de Memphis de los años ochenta, ni que dijera: “busqué referentes más contemporáneos, es el principio de algo nuevo”. Las imágenes hablan por sí solas: colores primarios que remitieron sin sentido a la moda skate de los años 90, estampados deprimentes, accesorios que parecían haber sido comprados en el cotillón de la vuelta, cabellos por momentos electrizados y recogidos y por momentos sueltos y batidos y, lo peor, diferentes líneas muy mal mixadas sobre la misma pasarela. El comienzo fue un claro rescate de las líneas clásicas de la firma con conjuntos línea A y H, además de alguna que otra chaqueta Bar, que quedaron totalmente desdibujados por la exagerada aplicación de plisados y formas superpuestas y espiraladas en sí mismas como así también, por la horrenda combinación  de textiles, colores, texturas y estampados. Para un diseñador olvidarse de la sutileza y de la leve alegoría en desmedro de la elegancia es un pecado capital. 


 


De golpe los años 50 pasaron a ser los 70 y una oleada de lánguidos vestidos con reminiscencias hindúes y profundos colores selváticos inundaron la pasarela. Si algún desprevenido y apurado invitado entró en ese preciso momento al salón, seguramente creyó que en realidad estaba viendo un desfile de Roberto Cavalli. 





Como todo el mundo sabe que un desfile de alta costura tiene que terminar con las creaciones más impactantes, después de este descolgado impasse,  a Gayten no lo quedó otro remedio que retornar de golpe al volumen y la grandiosidad de los vestidos de noche, en un acto verdaderamente lamentable. Las estrellitas por sobre la cabeza de una de las modelos, la enorme medialuna que parece ahorcar a otra de ellas, las serpentinas plateadas sobre las enormes faldas y el decadente pierrot final fueron dignos de un corso de barrio en comparación con la fastuosidad cortesana que prodigaba Galliano. Sus directivos deberán reflexionar largamente sobre el futuro de la firma. Como marca reconocida internacionalmente dueña de un nombre y una ética y, sabiendo además lo que significó la irrupción de Christian Dior como diseñador en una París devastada por la Segunda Guerra, era imposible que John Galliano permaneciera al frente como diseñador en jefe. Pero tampoco era necesario este bochorno público, hubiera sido mucho más sensato saltarse esta temporada, aún a riesgo de perder la Haute Couture Label, otorgada por la Chambre Syndicale de la Haute Couture. 

Texto: Andrea Castro. 


 


lunes, 4 de julio de 2011

Parecidos pero diferentes: Calendario Kryolan 2011

La marca alemana de cosméticos profesionales Kryolan tomó como fuente de inspiración para la realización de su calendario 2011 la obra pictórica de los principales artistas post impresionistas y de los padres de la vanguardia artística, quienes revolucionaron y rompieron con el arte académico entre finales del siglo XIX y  principios del siglo XX. El resultado: un magnífico trabajo de body painting para disfrutar los 12 meses del año.

Gustav Klimt

Marc Chagall

Auguste Renoir

Henri Matisse

Salvador Dalí

Edgard Degas

Paul Gauguin

Vincent Van Gogh

Georges Seurat

Pablo Picasso

Wassily Kandinsky

Cuatro inoxidables señores de frac

Ir a ver a Les Luthiers es tener casi el 100% de la salida asegurada. Uno ya sale de casa predispuesto a pasarla bien y ni siquiera la complicada llegada al centro, un sábado a la noche en pleno horario de comienzo de funciones, logra ponernos de mal humor. Los cuatro señores de frac están presentando en el Teatro Gran Rex ¡Chist!, una antología que reúne algunos de sus incontables mejores momentos arriba del escenario y que no para de agregar nuevas funciones a pedido del público.



Luego del obligado saludo inicial, los muchachos son ovacionados ni bien pisan el escenario y sin siquiera haber tocado una nota, la seguidilla comienza con las Canciones descartables del soberanamente bruto cantante melódico Manuel Darío, inocentemente interpretado por un Daniel Rabinovich, que luce muy cambiado con su tradicional bigote afeitado. La siguiente pieza, llamada La Comisión (Himnovaciones), plantea una situación que se irá desarrollando, a medida que se intercala con el resto del repertorio, hasta dar vida al apoteótico final. La mencionada comisión, integrada por dos corruptos e incultos políticos (Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich) tiene la misión de encargarle a un músico mediocre (Carlos Núñez Cortés) la modernización del Himno Nacional de un hipotético país. La sutileza de la crítica política que se desprende de los, por momentos, desopilantes diálogos de los tres personajes logra arrancar carcajadas a la audiencia, como así también estruendosos aplausos gracias a su cruel realismo y grado de actualidad. A lo largo de la noche, el pobre músico, alterará palabras, frases, fechas y hasta hechos históricos, generando nuevos enemigos para el país, publicitando el lavado de divisas y transformando la canción patria en un vulgar jingle proselitista, para complacer los requerimientos de ambos burócratas. 




Las altas dosis de realismo bizarro de La Comisión están sanamente equilibradas por el resto de las piezas, las cuales, como es habitual, transitan por una impresionante variedad de géneros musicales desde el madrigal al rap, pasando por la rapsodia, el bolero, el canto religioso e incluso la ópera. Si bien, por ser una antología, algunas de las piezas pueden resultar ya conocidas, los luthiers no se privan de mantener actualizadas sus performances, ya sea nombrando a Lady Gaga o ribeteando con leds la capa que luce Marcos Mundstock cuando personifica al conde Drácula; leds que se encienden cada vez que el rey de los vampiros tiene un súbito deseo de ingerir sangre en la Hematopeya titulada La redención del Vampiro. 




La sola mención de Johann Sebastian Mastropiero desata otra de las ovaciones de la noche, como así también la excelente y jugada interpretación que Mundstock realiza, en el rol de Escipión, durante el fragmento de la ópera compuesta vaya a saber cuándo por el vapuleado  maestro. Con la pieza Educación sexual moderna hace su ingreso uno de los ya tradicionales instrumentos informales de los Les Luthiers: el campanófono a martillo. Conformado por tubos metálicos que suenan como campanas, es ejecutado por Jorge Maronna mientras interpreta a un monje que, a le vez que lucha por mantener sus votos de castidad, debe impartir consejos de educación sexual. La temática carnal retorna en el rap Los jóvenes de hoy en día, en el cual Carlos López Puccio y Jorge Maronna  hacen gala de una notable agilidad, bailando cual experimentados raperos, mientras se preguntan cómo hacer para acceder a la libertina vida que hoy llevan los jóvenes de hoy en día. 



Luego de casi una hora y cuarto de intenso show sobre las espaldas de estos señores que todavía parecen tener 20 años, comienza a vislumbrarse la llegada del descanso para nuestro diafragma, que ya no aguanta más las intensas carcajadas, con el estreno, ante el mismísimo Presidente de aquel hipotético país (un López Puccio investido con una banda y un bastón presidencial tan ridículos como su gobierno) del fragmento final del Himno Nacional ya enteramente modificado. Entre risas y aplausos a granel queda claro, en un cierre perfecto del espectáculo, que el pueblo del anónimo país tiene un destino muy parecido al nuestro en relación al trato que sus gobernantes suelen darle a su anatomía posterior. Como no podía ser de otra manera, y antes de que el teatro se venga abajo, el final definitivo llega de la mano de una perlita: un desafío a puro jazz protagonizado magistralmente por Carlos Núñez Cortés al piano y Jorge Maronna tocando el bolarmonio, con perdón de la palabra. El estrafalario instrumento, que consta de 18 pelotas de fútbol dispuestas en forma de teclado frente al ejecutante, le sirve a Maronna para ganarle el desafío a Cortés que, infructuosamente, toca cada vez más rápido. De esta manera, con una de sus típicas genialidades y muy buena música se despiden estos caballeros del espectáculo, hasta la próxima obertura. 

Texto: Andrea Castro.