jueves, 14 de julio de 2016

Del noble ocioso al burgués hombre de negocios







Artículo publicado en la revista virtual Terciopelo, perteneciente al Centro de Moda y Textil, en el número dedicado al cuerpo.
Para disfrutar la edición completa entrar a:


sábado, 2 de julio de 2016

Parecidos pero diferentes: Misty Copeland

Misty Copeland, la primera afroamericana nombrada Primera Bailarina del American Ballet Theatre, ha colaborado con la revista Harper’s Bazaar en una serie de fotos que recrean algunos de los cuadros más icónicos que Edgar Degas realizó sobre el mundo del ballet, incluyendo su famosa escultura La pequeña bailarina de catorce años. Para Copeland, recrear las escenas fue todo un reto: “fue increíble fijarse en todos los detalles y en cómo Degas te deja sentir que hay movimiento. Justamente esto es lo que creo que caracteriza al baile: la belleza y la dificultad. Intentas alcanzar la perfección, pero sigues queriendo que la gente perciba esa ilusión de que tu línea nunca acaba y de que nunca dejas de moverte”.

The green dancer (1879)







Study of a dancer





The Star (1876-77)







La pequeña bailarina de catorce años (1881)






lunes, 30 de mayo de 2016

Mundos Íntimos: una historira, tres mujeres

El diario Clarín de Argentina ha publicado este sábado 28 de mayo un texto mio en la sección Mundos Íntimos ha cargo del periodista Daniel Ulanovsky Sack. Es un escrito muy personal, como todos los que se publican en esta sección, que fue muy trabajado para que manifieste el espíritu con el cual lo escribí y permita a otras mujeres verse reflejadas en él y, quizás, empezar a enfrentar situaciones similares sabiendo que no están solas y que a pesar de lo dura que a veces puede ser la vida, siempre hay algo para rescatar.  




La nota completa se puede leer en la edición on-line en el siguiente link: 





lunes, 23 de mayo de 2016

Convocatoria Arising / Resurgiendo

En el marco de la exposición Dream Come True, que tendrá lugar en MALBA del 24 de junio al 31 de octubre de 2016, Yoko Ono y MALBA lanzan la convocatoria ARISING / RESURGIENDO para mujeres que hayan sufrido algún tipo de violencia por el simple hecho de ser mujeres. Invita a las mujeres de América Latina, de cualquier edad, a enviar una fotografía de sus ojos y un testimonio personal, en forma anónima, para ser parte de la instalación multimedia Arising / Resurgiendo (2013 -2016), que integrará la exhibición y se podrá ver en la web de la convocatoria: http://www.malba.org.ar/arising

En palabras de Agustín Pérez Rubio, director artístico de MALBA y co-curador junto a Gunnar B. Kvaran de la muestra Dream Come True: “Yoko es una de las primeras artistas feministas. En su amplia práctica artística está muy presente la idea de lo comunitario y uno de los pilares de su trabajo han sido sus propuestas en contra de la violencia. Arising da buena prueba de ello dado que trabaja en torno a la violencia de género y permitirá a las participantes ser parte intrínseca de la muestra”.

Arising es un proyecto de Yoko Ono que desde su primera convocatoria en abril de 2013 ha contado con cientos de miles de testimonios de mujeres de todas partes del mundo. La primera exhibición con los testimonios de mujeres se realizó en el marco de la 55° Bienal en Venecia, en el Palazzo Bembo como parte de la muestra Personal Structures.
La instalación se exhibe actualmente en la muestra Tierra de Esperanza en el Museo de la Memoria y Tolerancia en México. Desde el 25 de abril  y hasta el domingo 16 de octubre, los testimonios de mujeres latinoamericanas que se reciban en el sitio: http://www.malba.org.ar/arising/ serán parte de Dream Come True en MALBA.



Escucha a tu corazón
respeta tu intuición
no hay límites

Ten coraje
ten rabia
estamos todas
juntas

Sigue tu corazón
usa tu intuición
manifiéstate
no hay confusión

Yoko Ono
Abril 2016




Yoko Ono invita a las mujeres de América Latina y, especialmente de Argentina, a ser parte de su exhibición en MALBA.

Fecha límite para sumarse a la convocatoria: 16 de octubre de 2016
Participación vía web: http://www.malba.org.ar/arising



sábado, 23 de abril de 2016

China a través del espejo






Artículo publicado en la revista virtual Terciopelo, perteneciente al Centro de Moda y Textil, en el número dedicado a China.

Para disfrutar la edición completa entrar a:
https://issuu.com/terciopelo/docs/019_terciopelo_china_abril_2016_cmt



miércoles, 3 de febrero de 2016

Bastardos sin gloria bajo la nieve

Imponentes paisajes nevados maravillosamente filmados; una tormenta de nieve épica; un refugio de montaña que parece la casa de la familia Ingalls por lo acogedor y estético; ocho bastardos entre los que se destacan un negro, un mexicano y una mujer; racismo y violencia de género al por mayor; y hectolitros de sangre derramada, conforman esta obra “tarantinesca” al 100%. “Los ocho más odiados” (The Hateful Eight) es otra nueva excusa cinematográfica que pone en pantalla Tarantino para seguir reflexionando sobre la violencia que anida en todos los seres humanos que habitan este planeta. Si en “Bastardos sin gloria”, la acción transcurría en pleno siglo XX, el siglo que en general se define como el más violento de la historia, en este film -al igual que en “Django sin cadenas”- Quentin prefiere centrarse en el siglo XIX para dejar en claro que la locura del racismo y la violencia no es, ni será privativa de una época histórica, un país, o un dictador. En “Los ocho más odiados” Tarantino continúa anclado en el siglo XIX en un contexto parecido al de “Django sin cadenas”, en el cual los cazarrecompensas y los bandidos conviven con los veteranos de esa cruenta guerra civil, la Guerra de Secesión, que enfrentó a hermanos dejando profundas heridas y una grieta que, como se ve a lo largo de la película, se mantiene  viva dividiendo las más fuertes creencias y acciones de los sureños y los yanquis.



Emulando a la famosa novela de Agatha Christie, “Eran diez indiecitos”, Tarantino va tejiendo un fino entramado de intrigas y sospechas en las cuales todos pueden ser culpables, cómplices, o inocentes observadores de la situación. Y cuando digo todos, me refiero a los ocho (¿realmente son ocho? y si lo son, ¿cuáles son los ocho?) humanos que deben soportarse durante un par de días, a la espera de que pase esa inmensa tormenta de nieve que los mantiene encerrados en un refugio de montaña llamado la Mercería de Minnie. En esa coqueta y muy bien equipada cabaña enclavada en las montañas de Wyoming, permanecerán reunidos en una tensa calma hasta que estalle el baño de sangre: el cazador de recompensas John Ruth (Kurt Rusell); la delincuente Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh); el ex soldado, devenido también en cazarrecompensas, Marquis Warren (Samuel L. Jackson); Chris Mannix (Walton Goggins) quien asegura ser el nuevo Sheriff del pueblo de Red Rock, a pesar de que muy pocos le creen; el correctísimo verdugo Oswaldo Mobray (Tim Roth; el vaquero Joe Gage (Michel Madsen, actor fetiche de Tarantino); Sanford Smithers (Bruce Dern), un viejo General de la Confederación; y Bob (Demian Bichir), el mexicano a quien supuestamente Minnie  dejó a cargo del lugar.





Sin lugar a dudas uno de los personajes más destacados de la historia es el del Mayor Warren, ex soldado negro integrante del ejército de la Unión que luego de luchar en el campo de batalla por su pellejo y por el de los de su raza, lucha todavía por sobrevivir en una tierra que aún no acepta su condición de ser humano libre. Su salvoconducto es una carta que le dirigió el presidente Abraham Lincoln, que custodia con feroz tenacidad, y que, según sus propias palabras, “desarma a los blancos”. Las rispideces entre Warren, el viejo general Smithers, y el también ex soldado Chris Mannix (ambos integrantes del ejército de la Confederación formado por los estados sureños y esclavistas) no tardarán en aparecer. Justamente será Mannix, el inicialmente incompetente futuro nuevo Sheriff, quien se irá transformando poco a poco en una pieza fundamental de la historia. De fuertes convicciones sureñas y “anti-negro” por naturaleza, terminará dándose cuenta que muchas veces las circunstancias de la vida nos hacen reconsiderar nuestras más profundas y arraigadas creencias.


 



Kurt Rusell tampoco se queda atrás al encarnar a ese cazarrecompensas inescrupuloso al que apodan el Verdugo, debido a su costumbre de entregar vivos a los fugitivos que apresa para poder disfrutar de sus respectivas ejecuciones, mientras cuenta el dinero que ha ganado por sus cabezas. Rudo y violento, por momentos dejará entrever un ínfimo grado de sensibilidad que lo destacará  por sobre sus compañeros de encierro. 
La única dama de esta historia, la fugitiva Daisy Domergue, recibirá tantos golpes y ofensas como pueda soportar (por momentos la constante violencia de género presente da escalofríos) y pasará la mayor parte de la película esposa a la muñeca de John Ruth, su cazador y futuro poseedor de los 10.000 dólares que el Estado pide por su femenina anatomía, viva o muerta. Bandida, despiadada, rebelde y boquifloja, el rostro magullado y las muñecas lastimadas de una excelente Jennifer Jason Leigh (candidata al Oscar como mejor actriz secundaria para más datos) nos llegarán a infundir pena, sobre todo en la escena en la que canta dulcemente una canción con tonada sureña, acompañada por una guitarra. ¿Cómo no pensar en el terrible destino que tenían que enfrentar las mujeres en ese mundo poblado de hombres violentísimos y por demás crueles? ¿Cómo no reprocharle al gran Quentin que esté rozando los límites de lo políticamente incorrecto? Simplemente abriendo los ojos y dándose cuenta que la pobre Daisy es en realidad un lobo disfrazado de cordero.






Un párrafo aparte merece el carismático Tim Roth cuyo papel de simpático y caballeresco nuevo verdugo oficial de Red Rock, nos remite mucho al correctísimo Doctor King Schultz de “Django sin cadenas” (ese tierno y a la vez sanguinario hombre interpretado por Christoph Waltz, que no de casualidad era alemán, tanto en la ficción como en la realidad). El perfecto acento inglés del tal Oswaldo Mobray, su extrema cortesía y amabilidad para con todos, y sobre todo para con su futura ahorcada, marcaran una diferencia sustancial entre este hombre y el resto de los toscos circunstanciales habitantes de la cabaña. Lamentablemente parece que al pobre Tim Roth siempre le toca terminar de la misma manera en los trabajos que realiza para Tarantino (recuerden “Perros de la calle”).





“Los ocho más odiados”, además de ser un thriller espectacular, tiene una dimensión simbólica que en el contexto actual (racismo y xenofobia crecientes tanto en EE. UU como en Europa) se ve reforzado por la inclusión en la trama de un personaje de nacionalidad hispana, que no casualmente será uno de los más vapuleados por el  Mayor Warren. La escena en la que el mexicano Bob toca en el piano Noche de Paz, mientras se desarrolla la tremenda y fatal charla entre Warren y el General Smithers es de un cinismo conmovedor. La aterradora sensación que va creciendo dentro de uno a lo largo del film es concreta: cada uno va encontrando en esa cabaña lo que se merece, por blanco, por negro, por delincuente, por mujer, por lo que sea. Por suerte Tarantino es un maestro a la hora de manejar las emociones y sabe que a pesar de que nos devaste con escenas hiperviolentas, en el fondo nos está enseñando algo. Como decían las abuelas: “la letra con sangre entra”. La realidad es que en la Mercería de Minnie no hay ni buenos ni malos, ni vencedores ni vencidos, ni blancos ni negros. Solamente hay ocho personas traspasadas por profundos odios y resentimientos, ocho seres humanos puestos contra las cuerdas de una terrible realidad, cansados de luchar contra sus circunstancias y de intentar superarlas de alguna u otra manera. Al final de tanta barbarie Tarantino lo hace otra vez y nos deja una gran enseñanza de la mano de una pequeña, pero quizás efectiva luz de esperanza.