domingo, 3 de mayo de 2015

Fotorreportaje: Paseo de la historieta. Buenos Aires. Argentina



Inicio del Paseo: Chile y Defensa (Miguelito, Susanita, Libertad,
Manolito, el Guille y Felipe)

Mafalda, Susanita y Manolito. Autor: Quino

Mafalda

Susanita
Isidoro Cañones. Autor: Dante Quinterno. 



Isidoro Cañones: Chile y Balcarce.

Larguirucho. Autor: García Ferré.

Larguirucho: Balcarce y México.

Otros personajes de García Ferré (Cachavacha, Oaky, Trapito,
el Comisario, Anteojito, Petete).
Otros personajes de García Ferré (Super Hijitus, Pucho, Neurus, Pichichus).



Matías. Autor: Sendra. Balcarce entre México y Venezuela.

Don Fulgencio. Autor: Lino Palacio. Balcarce y Venezuela.

Clemente. Autor: Caloi. 

Clemente: Balcarce entre Venezuela y Belgrano. 

Patoruzú. Autor: Dante Quinterno. 

Patoruzú: Belgrano y Paseo Colón. 

Patoruzito e Isidorito. Autor: Dante Quinterno. 

Patoruzito e Isidorito: Belgrano entre Paseo Colón y Azopardo. 

Gaturro. Autor: Nik. Belgrano y Azopardo. 

Negrazón y Chaveta. Autor: Cognigni.

Negrazón y Chaveta: Juana Manso y Marta Lynch.  

Diógenes y el Linyera. Autor: Tabaré. 


Diógenes y el Linyera: Marta Lynch entre Juana Manso y
Av. de los Inmigrantes.

Langostino y Corina. Autor: Eduardo Ferro.

Langostino y Corina: Marta Lynch entre Juana Manso
 y  Av. de los Inmigrantes.
Inodoro Pereyra y el Mendieta. Autor: Roberto Fontanarrosa.



Inodoro Pereyra y el Mendieta: Marta Lynch y Avenida
de los Inmigrantes. 


Fotos: Andrea Castro. 

domingo, 12 de abril de 2015

La injusta mala fama de la espalda

Los ángeles no tienen espalda, los seres humanos sí. He aquí el comienzo del problema. Durante milenios nuestra especie casi siempre se ha olvidado de su espalda. En honor a la verdad a veces la recuerda pero, en general, para maltratarla y denigrarla injustamente. Veamos: darle a alguien la espalda es, cuanto menos, ofensivo; mirar a otra persona por sobre el hombro es prácticamente insultante; cuando hablamos mal de los otros lo hacemos a sus espaldas; el peor asesino es el que mata por la espalda; y el más grande de los arrogantes es ese que sobradoramente nos palmea la espalda como teniéndonos de hijos.
Por mucho más de 2000 años el arte se rehusó a retratar a una persona de espaldas. Los egipcios deliraban por la planimetría tanto de frente como de perfil pero, que yo sepa, los faraones tampoco tenían espalda. Las perfectísimas esculturas clásicas son envidiables reproducciones en 3D de bellísimos y armoniosos cuerpos humanos y, obviamente, tienen espalda, pero en general se punto fuerte está ubicado en el frente. El David de Miguel Ángel, al que solo le falta hablar, es admirado todos los días por miles de turistas que se deslumbran con los detalles hiperrealistas de sus músculos, de su rostro y de sus manos. Todos quedan embobados mirándolo de frente pero a casi ninguno se le ocurre tomarse la molestia de rodear tan espectacular escultura para disfrutar de la poderosa espalda de este hombre de mármol. Hasta el día de hoy no se sabe si esto sucede por respeto, temor, apuro, costumbre o, simplemente, vagancia.

David de Miguel Ángel

Estudio anatómico de Miguel Ángel

Lamentablemente tuvimos que esperar hasta finales del siglo XIX para que los impresionistas y otros locos vanguardistas, comenzaran a ver las cosas desde otro punto de vista. Ellos fueron quienes, en su desesperación por no perder terreno en manos del realismo absoluto de la fotografía, rescataron la belleza y el misterio de la espalda para el disfrute del resto de los humanos. Los críticos de arte de la época les dijeron de todo menos lindos pero no pudieron parar la bola de nieve y la idea pasó literalmente de los pinceles de los artistas plásticos a las manos de los grandes diseñadores de moda. También en este terreno nuestro dorso libró una larga lucha ya que por siglos fue el símbolo de la opresión en las mujeres aristocráticas que estaban obligadas a usar corset. Cintas, moños y lazos ciñeron con furia, día tras día,  las espaldas de estas estoicas damas que no tenían ni libertad para respirar, ni intimidad para cubrir o descubrir su cuerpo cuando y donde quisieran. Tener cintura de avispa fue sinónimo de status y de belleza pero no de buena salud: junta a las costillas las vértebras, sostén de la espalda, fueron las más perjudicadas. La liberación llegaría de la mano de los médicos, de los rayos X  y de las primeras feministas, quienes también les pasarían la posta a los diseñadores de indumentaria. Sin lugar a dudas, la espalda diseñada y retratada pasó por su mejor momento a lo largo de todo el siglo XX y aún hoy se mantiene dentro del top ten si hablamos de zonas erótico sensuales agradables tanto de ver como de mostrar.


La toilette, Edgard Degas 

Horst P. Horst 1939


Yves Saint Laurent 1971

La espalda es el refugio de los abrazos, es el reverso de nuestra personalidad, es la estructura en la que se apoya ese delicado rompecabezas de huesos que nos transformó en sufrientes animales bípedos que vagan por el mundo en  contra de la ley de gravedad. Por la espalda resbalan libres las gotas de lluvia, se deslizan amorosos besos y generosas caricias. Por la espalda corre la vida en forma de sustancias viscosas y de impulsos eléctricos que desde el cerebro, llegan al resto de nuestro cuerpo llevando y trayendo infinidad de mensajes. Por la espalda viajan también los escalofríos cuando algo nos asusta, nos entristece o nos emociona demasiado. Toda esta belleza y poesía no alcanzan todavía y nuestro pobre espinazo sigue perdiendo la batalla con la otra cara de la moneda.


Ingres Violin, Man Ray 1924

Supongo que la supremacía casi absoluta del frente de todo ser humano tiene que ver,  además de ser el referente innegable de la identidad individual a través del rostro, con que en él se concentran todos los sentidos que lo comunican con el mundo exterior. Cuántos de nosotros hemos dicho o pensado alguna vez: ¿por qué no tendré ojos en la espalda? Está claro que las cosas se dicen y se escuchan de frente pero ¿no es hermoso también que nos susurren un te amo al oído y por la espalda? Otro motivo de esta desconexión que poseemos con nuestra región dorsal puede ser el difícil acceso que tenemos a ella. Subirse un cierre, pasarse crema o protector solar y hasta reventarse un miserable granito resultan tareas imposibles de realizar sin la ayuda de otro caritativo ser de nuestra misma especie. Los espejos ayudan, pero mirarse la espalda sigue siendo algo bastante complicado y poder sacarse una auténtica selfie  (o autorretrato como se decía antes de Cristo) de espaldas es algo irrealizable. El origen de esta mala fama también puede tener que ver con el hecho de que la espalda nos pasa factura y cuando lo hace, duele con ganas. Dolor de cuello, dolor de cintura, en resumen dolor al fin, liso, claro e inaguantable. En defensa de nuestro espinazo debo decir que cuando patalea lo hace con razón porque parte de la injusticia que tenemos para con él radica en que no lo cuidamos como es debido. Maltratamos nuestra espalda: la doblamos, la retorcemos, forzamos sus bisagras al máximo y la cargamos con pesos imposibles de soportar, tanto reales como simbólicos. La imagen del titán griego Atlas cargando el peso del mundo entero sobre sus hombros o de Jesús apoyando su propia cruz sobra la espalda y arrastrándola hasta el momento y el lugar de su muerte, valen más que mil metáforas.


La columna rota, Frida Khalo 

Frida Khalo en la casa azul

Vanity Fair Cover

Alexander McQueen 1997-98

Una realidad innegable es que la espalda es nuestro lado vulnerable. Nos es difícil saber que pasa por detrás de ella, o sea por detrás de nosotros mismos, y además resulta ideal cuando los otros quieren inmovilizarnos con esposas o chalecos de fuerza. Se dice que esta idea de vulnerabilidad está ligada a una leyenda que asegura que los humanos teníamos alas y podíamos volar. Nuestras alas estaban ubicadas a la altura de los omóplatos, insertadas entre ellos y la columna. Cuando nos cortaron las alas y nos volvieron vulnerables la espalda dejó de tener un rol “importante” en nuestras vidas y casi por despecho comenzó a ser olvidada y denigrada. Hoy nuestra espalda no nos puede hacer volar pero nos ayuda a nadar, que no es lo mismo pero se parece a volar. También nos permite recostarnos en la arena y “volar” mirando las estrellas, o recostarnos en una mullida cama, dormirnos y soñar que tenemos alas y, a pesar de todo, podemos volar.



David Beckham Guardian angel tattoo



Texto: Andrea Castro. 


jueves, 12 de marzo de 2015

De Cabildos y paraguas

El 25 de mayo de 1810 había muy pocos paraguas frente al Cabildo, el imaginario colectivo, impulsado en gran medida por los actos escolares y las publicaciones infantiles, popularizó otra imagen. La realidad histórica nos dice que los paraguas llegaban en muy poca cantidad desde España y que, por su alto precio, estaban considerados como un artículo de lujo. Muy pocos porteños podían pagarlos y disfrutarlos en aquellos tiempos. Hoy en día, doscientos cinco años después, los paraguas son un bien de consumo masivo y se han transformado, por esas cosas de la vida, en el símbolo absoluto de la búsqueda de la verdad y la justicia. 



El 18 de febrero de 2015 un mar de paraguas recorrió cuadras enteras e inundó, al igual que el agua que no paraba de caer desde el cielo, no solo el frente del Cabildo sino toda la Plaza de Mayo y sus alrededores. Ese mar humano creó una nueva imagen que ya es parte del imaginario colectivo de las nuevas generaciones y transformó una jornada de homenaje en un hecho histórico de tanta relevancia como aquél que le dio inicio a nuestra Patria. Soportando la inoportuna tormenta, miles de personas se empaparon hasta los huesos porque esta vez no sólo querían, sino que necesitaban saber de qué se trata. En realidad todos necesitamos saber de qué se trata porque dos criaturas se quedaron sin padre y porque una Nación no supo cuidar a uno de sus más valiosos hombres. No es que esto sea una novedad, en 200 años de historia nos ha sucedido miles de veces, el  problema es que hasta ahora no supimos aprender de los errores que cometimos en el pasado. Lamentablemente si seguimos así tarde o temprano todos seremos víctimas, si no lo somos ya.
La lluvia, que debe haber engripado a más de uno, molestó y caló hasta el tuétano, pero no logró amedrentar el paso lento de los ciudadanos: jóvenes, ancianos (muchos de ellos en condiciones no muy ideales para realizar tamaño esfuerzo), bebés (refugiados en sus cochecitos) y padres con sus hijos. Estos últimos repetían ante los periodistas frases muy parecidas: “vine con mi hijo para que vea y aprenda, para que no le pase lo mismo en el futuro”. Parecía como si de golpe y porrazo los padres hubieran comprendido en toda su magnitud que son ellos los que en definitiva cumplen el rol fundamental de educadores.





La lluvia tampoco pudo apagar las velas ni marchitar las flores que algunos alcanzaron a colocar delante de la fiscalía en la cual trabajaba Alberto Nisman. El agua, que seguía manando desde ese cielo gris y entristecido, terminó formando parte de la marcha cuando los paraguas ya no tuvieron sentido y, poco a poco, se fueron cerrando para permitir la llegada de más y más gente. La lógica llevó a todos a pensar que ya no importaba mojarse de pies a cabeza: era una pavada sabiendo que Nisman se había jugado la vida. Todo comenzó a resultar frívolo y carente de sentido ante la lacerante realidad, ante la presencia de una muerte por demás injusta e insondable. Hasta el civismo, que en un primer momento impidió que la gente pisara el césped de los canteros de la Plaza de Mayo, quedó de lado cuando esa fue la única opción para que más ciudadanos pudieran llegar lo más cerca posible de la fiscalía.





Cuando esos hombres de acero, entre los cuales lamentablemente no se vislumbraron muchas mujeres a la par, llegaron a la Plaza ya no importó más nada, solo el hecho de poder acompañarlos en su dolor y en el homenaje sentido a un compañero. La lluvia se transformó entonces en una especie de bálsamo reparador que prometía limpieza y renovación. El agua, sinónimo de vida, anunciaba la llegada de un nuevo comienzo en el cual los argentinos parece que nos empezamos a poner de una vez por todas los pantalones largos.
El miércoles 18 de febrero de 2015 la sociedad argentina comenzó a transitar y a trabajar el duelo por la pérdida de un hombre honesto y valiente, de esos que actualmente no abundan, de esos que se respetan a pesar de sus errores. Quizás los argentinos hayamos comenzado a sanar una herida que lleva abierta 205 años, que tiene demasiados muertos impunes (notables y anónimos) y que no nos permite seguir madurando y avanzando como sociedad. Creo que el 18 de febrero los huesos de nuestros próceres  temblaron y se sacudieron de orgullo y alegría por nosotros, por “sus hijos” y por ellos mismos. 

Texto: Andrea Castro. 

Fiscales y jueces: gracias totales

martes, 10 de febrero de 2015

El Bien Común….y un día Ramírez volvió al denim.

La versión verano del Bien Común se sitúa en una playa de la Costa Mediterránea. Las musas que la inspiraron fueron la diseñadora  Valentina Nochleva Sanina, célebre por sus creaciones para Katherine Hepburn y Gloria Swanson  y  las imágenes de moda consagradas a bañistas posando cual esfinges, creadas por Louise Dahl Wolfe bajo la dirección de Diana Vreeland.
A modo de homenaje a los veinte años transcurridos desde sus comienzos con el concurso Tela & Talento (en el cual Ramírez resultó finalista por su colección de jumpers de jean derivados de uniformes escolares), el denim se erige en hilo conductor de un apartado de esta colección estival tan democrática como elegante. Ya en faldas rectas con cintura alta, en camisas que emulan su insólita variación sobre el tailleur como uniforme de los jóvenes, en el jean bombilla a la usanza de los pantalones del dandy Mansilla, o en su contracara, la pata de elefante, todas las prendas fueron desarrolladas como consecuencia de una alianza con el grupo Santana Textiles con tejidos de la línea Loco Serious denim. 















El apartado de los clásicos en negro adopta nevos modismos – little black dresses, que citan morfologías de tiras de bañadores, para culminar con vestidos de noche esculpidos en muselina. Los beach-gowns en broderie blanco, los chemisiers en blue denim y los batoncitos negros, irrumpen en representaciones surrealistas de las playas de Italia y de Grecia, que ilustran la campaña fotográfica por Val & Musso.

El manual de estilo de las exóticas veraneantes dictamina el uso de sombreros de paja y pañuelos a modo de tocados, así como también, el rescate de los espadrillés con taco ceñidos mediante cintas que aluden a trajes regionales. 















Texto e imágenes: Gentileza Pablo Ramírez y Revista 90 +10