lunes, 9 de diciembre de 2013

Bellos pero letales: oda al corsé "El incomparable"


Tenía que renunciar
por fuerza a matrimoniar,
que era mi ideal más bello.
¿Qué necio se iba a casar
con una mujer camello?
Se me acabó la alegría,
y en torturante agonía,
me acostaba inconsolable.
Cuando supe que existía
 el corsé El Incomparable.
Sin confianza y sin fe,
no he de ocultárselo a usted,
como recurso postrero
 entré en casa de un tendero
y le compré su corsé.
¡Oh, sorpresa prodigiosa!
¡Qué cambiazo y que alegría!
Entré encorvada y gibosa
y en la misma mercería,
me troqué  en mujer hermosa.
Con su corsé Incomparable
sufrí un cambio tan notable
 que el comerciante, al pagar,
me dijo una cosa amable
que me hizo ruborizar.
Salí contenta a la calle,
e iba tan esbelta que
no pude marchar a pie.
¡Qué frases inspiró el talle
que me hacía su corsé!...
Y como estoy convencida
 de que debo la salida que he tenido,
 a su notable corsé, grito agradecida:

¡Viva el corsé Incomparable!

Corsé de hierro compuesto por una pieza frontal y dos traseras 
(1580 - 1600)

Corsé realizado en satén de 49 cm. de cintura (1880)

Damas ataviadas con vestidos de noche, finales del siglo XIX

La cantante francesa Polaire luciendo su cintura de 16 cm. de diámetro (1890)

A partir de los 10 años toda niña de alta sociedad debía usar corsé para el final de su vida, que no era muy larga que digamos, su esqueleto pasaba de lucir como se se puede ver en la imagen de la izquierda. Desmayos, quebraduras de costillas, neumotórax espontáneos, pérdidas de embarazos y muertes por malos partos eran las principales causas de muerte sobre todo durante finales del siglo XIX y principios del XX cuando la locura por lucir una cintura de avispa llegó a su máxima expresión.